Antítesis registradas en la literatura Joánica

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Los dos mundos

El dualismo de Juan es fundamentalmente vertical, es decir, hace un contraste entre dos mundos, el de arriba y el de abajo, “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.” ,(Juan 8:23).

Sin embargo tanto en los Sinópticos como en los escritos Paulinos el uso que se hace de la expresión “este mundo” puede equipararse a “este siglo” en un dualismo escatológico comparado con el Siglo Venidero.

También Jesús en su lenguaje hace uso de estos términos cuando afirma “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo” (Jn.3:13). Jesús ha descendido del cielo como el “pan de vida” con una misión , y una vez acabada ascender otra vez al cielo de donde ha venido.

Tinieblas y Luz

Hace un contraste entre el reino de las tinieblas que identifica con el mundo de “abajo” y de la luz que identifica con el mundo de “arriba”. Cristo ha venido al reino de las tinieblas a traer luz.

Luz y tinieblas se ven como dos principios enfrentados continuamente, Juan 1:5 “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.” .

Vemos como se hace referencia a Jesús mismo como la luz (Jn.8:12), que ha venido al mundo para que los hombres puedan abandonar las tinieblas y así anden en luz. Hay un énfasis en la luz como revelación de la verdad, el efecto de la luz no es simplemente que los hombres vean sino capacitarlos para andar (contenido moral).

Aquellos que reciben la luz se convierten en hijos de luz (Jn.12:36). A pesar de esto los hombres prefieren andar en las tinieblas negándose a ir a la luz porque sus obras son malas. Sin embargo aquel que “practica la verdad” viene a la luz para que se ponga de manifiesto su verdadera naturaleza (Jn.3:19-20).

Por tanto los hombres no solo han de conocer la verdad sino hacerla, no solo ven la luz sino andan en ella, no es raro por tanto que no se contraste la “verdad” con el “error”, sino con la “maldad”, las implicaciones morales de la luz deben ser visibles, quien dice estar en la luz solo puede ser creído si anda en amor porque “el que ama a su hermano permanece en la luz”, mientras “el que aborrece a su hermano está en tinieblas” y está tan ciego que “no sabe a donde va” (Jn.2:10,11).

Carne y Espíritu

En esta antitesis entre carne y espíritu se entiende la carne (reino de abajo) como un reflejo de la debilidad humana, ya que la carne no puede alcanzar el reino de arriba, en contra a la vida que se adquiere por el nuevo nacimiento en el Espíritu, (Juan 3:6) “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.”; los seres humanos deben nacer de “arriba”, es decir, del Espíritu.

Las personas como humanos somos débiles, mortales, es solo gracias a la acción interior del Espíritu Santo que podemos entender y experimentar la vida eterna y el resto de bendiciones celestiales que Dios tiene para sus hijos.

A la luz de la eternidad la carne de nada aprovecha. Aunque a pesar de lo dicho no consideramos que la carne sea pecaminosa en sí, ya que Jesús mismo nos dice que vino en carne, (Juan 1:14) “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” sino que aquí carne se entiende más bien como referencia a género humano.

Kosmos

En el estudio de la teología juanina es interesante ver el uso que hace de la palabra “kosmos” (mundo).

Con este termino hace referencia tanto a toda la creación de Dios (Juan 17:5,24) como a la tierra en particular entendida como morada de los hombres, esta acepción se parece mucho al lenguaje judío: venir al mundo-nacer- (Jn.6:14), estar en el mundo (Jn 9:5), partir del mundo-morir- (Jn.13:1).

No hay referencias de que el mundo tenga que ser algo malo, (Juan 1:3)”Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” .

El mundo creado es el mundo de Dios. Se refiere en varios textos al mundo como género humano, que es el objeto de salvación de Dios. Dios ama al mundo y envió a su Hijo para salvarlo (Jn.3:16).

Sin embargo Juan hace un uso propio de esta palabra (cosmos/mundo) que no se ve en los evangelios Sinópticos, refiriéndose a las personas no solo como habitantes de la tierra y objetos del amor y obra salvífica de Dios sino como pecadores, rebeldes, alejados de su creador.

Identifica el mundo con la maldad (Jn.7:7) que no conoce a Dios ni a su Hijo (Jn.17:25; 1:10). Considera que el mundo está bajo el dominio de Satanás, “el príncipe de este mundo” (Jn.12:31), “el mundo entero está bajo el maligno” (Jn.5:19).

El mundo y la Iglesia se presentan así en fuerte contraste el uno con la otra, como dos grupos de personas enteramente distintos y separados, el uno bajo el dominio de Satanás y la otra nacida de Dios y que conoce a Dios. Así como el príncipe de este mundo está condenado y será “echado fuera” y “juzgado” (Jn.12:31) el mundo también está condenado.

No obstante esta separación del género humano como pueblo de Dios y mundo no es una división absoluta, sino que las personas pueden pasar del mundo al pueblo de Dios si aceptan el mensaje del evangelio de salvación (Jn. 3:16). El mundo no puede recibir el Espíritu (Jn.14:17), pero muchos creerán en él sin haberle visto nunca (Jn.20:29).

Pecado

En sus escritos Juan utiliza la palabra haciendo un énfasis en el pecado como principio, más que como actos pecaminosos o manifestaciones de pecado(“hamartia” ).

El Espíritu Santo va a convencer al mundo de pecado (no pecados ) (Jn. 16:8).

El pecado es un principio que encierra el hecho de no creer en Dios, todo el que vive en la práctica del pecado está esclavizado, es esclavo del pecado(Jn.8:34).

El pecado es tinieblas al igual que la naturaleza del mundo pecaminoso, pero la luz en las tinieblas resplandece, Dios penetra en las tinieblas del pecado por medio de la manifestación de Cristo. Juan ve en la incredulidad la esencia del pecado, ya que condena a la persona a la separación de Dios y a la muerte, por esto hace tanto hincapié en el creer en Cristo.

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