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La filosofía es una disciplina o campo de estudio que se encarga de la investigación, análisis y creación de ideas en general, abstractas o en un nivel fundamental. La palabra “filosofía” procede del griego, estando compuesta de ????? (“filos”, amigo) y ????? (“sofia”, sabiduría): ????????? (amor a la sabiduría).

Tabla de contenidos

Definición de Filosofia

La filosofía no puede entenderse sólo como una reacción espontánea o natural de los hombres. Por naturaleza, el hombre tiene la curiosidad de saber. Esta curiosidad por saber no es por sí misma filosófica, como tampoco lo son las preguntas infantiles, ni lo era la curiosidad que pudiera experimentar un Australopithecus cuando salía de la cueva.

Los orígenes de la filosofía occidental se remontan a la Grecia clásica. Etimológicamente, la palabra filosofía, acuñada por los griegos, significa amor a la sabiduría. De acuerdo con Nicola Abbagnano, la palabra filosofía aparece como nombre de una indagación

No se encuentra todavía en Homero ni en Hesíodo. A los sietes sabios se les llama sofistas, y sofista se llamaba a Pitágoras. Herodoto usa la palabra en su significado etimológico cuando hace decir al rey Creso dirigiéndose a Solón: “He oído hablar de los viajes que filosofando has emprendido para ver muchos países”. Y Tucídides hace decir a Pericles de sí mismo y de los atenienses: “Amamos lo bello con sencillez y filosofamos sin timidez”. Aquí el vocablo no se refiere a una disciplina específica. (Abbagnano, Nicola: Historia de la Filosofía., Barcelona, Montaner y Simon, 1955, pág. 4.)

Según Cicerón, quien usó por primera vez la palabra filosofía fue Pitágoras. Él comparaba la vida con los festejos de Olimpia en los que algunos eran negociantes, otros sólo iban para concursar, otros por divertirse y otros por curiosidad. A estos últimos los llamó filósofos. Otra fuente del origen de la palabra filósofo indica que Heráclito, al referirse a los indagadores, los llamaba filósofos.

Es necesario que los hombres filósofos sean buenos indagadores de muchas cosas (Ibid., pág. 5).

Como indagación, fue el primer significado de filosofía, que hacía parte de un saber encaminado a un aprender a ser más allá de las apariencias. Por su parte, Platón le daba la denominación de filosofía al conjunto de disciplinas tales como la Geometría, la música, y otras que se encaminaban a su función propedéutica. La filosofía se contraponía a la sofía —muy propia de las deidades—, y también a la dóxa, vale decir, a la mera opinión del vulgo.

Filosofía como actitud. Conceptos prácticos

La intervención genial de Sócrates en la historia del pensamiento occidental consiste en comprender lo que estaba sucediendo y seguidamente definir sus consecuencias. Con él comenzó el período conocido como la ilustración helénica.

De acuerdo con la descripción que Platón nos ofrece de Sócrates, Sócrates defendió que la felicidad depende de la virtud, y que a su vez la virtud depende del conocimiento. Sólo el que sabe qué es la justicia puede verdaderamente ser justo y obrar justamente.

Filosofía como actividad nuestra

Lo que otros pensaron lo materializaron en fórmulas que pesan sobre nosotros. Así, la palabra filosofía aquí no significa para nosotros el intelectualismo socrático o cualquier otra concepción filosófica, sino el nombre de una tarea nuestra, propia de cada uno. La filosofía en este sentido significa pensar en nuestra vida y pensar en la vida.

A su vez, algunas teorías filosóficas nos servirán para comprender la vida, y tratar de buscar alguna explicación a los problemas cotidianos que la vida siempre nos impone. Nos explica el movimiento, las causas y consecuencias. Nos sirve como guía ante situaciones difíciles.

Filosofía como conocimiento

La cultura griega, al igual que todas las culturas y su entorno, contaba con una gran abundancia de narraciones míticas mediante las cuales explicaba el origen de los fenómenos naturales y también de las instituciones humanas. La tarea del filósofo griego consiste en buscar una explicación racional frente la explicación mítica.

Características de la explicación racional

  1. No recurre a divinidades o agente sobrenaturales, sino que interpreta las puertas y fenómenos naturales.
  2. La idea de la naturaleza única, la idea de necesidad, y está a su vez la idea de ley.
  3. Una explicación racional se considerará verdadera, no por la fuerza de la tradición y autoridad, sino por la fuerza de los argumentos en que se base.
  4. Cualquier explicación racional puede ser sometida a críticas siempre que sea aduciendo argumentos y pruebas.

Filosofía como historia de la filosofía

Desde su aparición en Grecia hasta nuestros días, la filosofía se ha ocupado sustancialmente de las mismas cuestiones. Puede decirse que se trata de cuestiones permanentes de la filosofía, ya que se refieren a formas permanentes de la experiencia humana. Que sean permanentes no significa que estos cuestiones sean intemporales, ajenas al tiempo y a la historia. Su planteamiento y respuestas adquieren formas distintas a lo largo la historia.

Todo esto pone de manifiesto que la reflexión filosófica debe atender a la situación histórica efectiva en que nos encontramos. En Historia de la Filosofía se puede encontrar la historia de la filosofía de forma muy detallada.

Filosofando

Existen, básicamente, dos modos de “hacer filosofía”. Uno recibe el nombre de Filosofía continental y al otro se le ha denominado Filosofía analítica. Ni siquiera existe acuerdo completo en este punto, pues algunos filósofos de una y otra corriente negarán que exista otro modo de hacer filosofía que no sea el suyo y afirmarán que “lo otro” no es filosofía.

En cualquier caso, la división es pertinente y clarificadora. La Filosofía continental es una forma de hacer filosofía que atiende a la historia de la Filosofía y dialoga con la tradición. Por ejemplo, los filósofos continentales estudian a Aristóteles, Kant, Hegel o Nietzsche y, partiendo de esa tradición (o conjunto de tradiciones), hacen reflexiones, proponiendo visiones del mundo o del pensamiento. La Filosofía continental se hace sobre todo en países como Alemania o Francia, aunque en los Estados Unidos existe una fuerte tendencia en esta tradición. Los temas comunes de la Filosofía continental son la epistemología, la Historia de la Filosofía, la Ética y la Estética, por citar algunos.

La Filosofía analítica nace con Gottlob Frege a finales del Siglo XIX. Dicha corriente tiene la mayoría de sus seguidores en Gran Bretaña, los Estados Unidos y Australia, aunque hoy en día existen importantes grupos de filósofos analíticos en España, Francia, Italia y otros países. La Filosofía analítica, tradicionalmente, se ha ocupado de temas como la Filosofía de las matemáticas, la Filosofía de la Ciencia o Epistemología, la Filosofía de la mente, la Lógica, la Filosofía del lenguaje y, en algunos casos, Ética. Una característica sobresaliente es que los filósofos de esta corriente aceptan unas reglas del juego comunes para todos. Un ejemplo ayudará a comprender esto. En la Filosofía del lenguaje, dentro de la corriente analítica, hoy en día todos aceptan que la Teoría de la referencia directa es la teoría dominante a la hora de explicar el problema del significado. Los filósofos que atacan esta teoría dominante lo hacen argumentando fallos en dicha teoría, como por ejemplo, el problema de los nombres vacíos (empty names). Los filósofos analíticos no sólo aceptan unos métodos comunes, sino que publican en las mismas revistas (por ej. Mind, Ethics, etc.). En definitiva, la Filosofía analítica tiene mucho que ver con los métodos científicos.

Filosofía de la naturaleza

El Universo, la Tierra y Dios

En toda la primera etapa de la filosofía antigua, hasta antes de los sofistas, el problema central de que se ocupan los filósofos es la naturaleza; por eso, Aristóteles habría de llamarlos los físicos, los investigadores de la naturaleza. Lo que distingue a estos primeros filósofos de otros intentos anteriores por explicar el origen del cosmos fue que su explicación la fundan sobre un principio natural, y no sobre un principio mágicamente revelado, mítico o religioso, como se había hecho hasta entonces. Con ellos nace la convicción de que es posible conocer la realidad por medio de la razón (convicción que se mantiene hasta nuestros días).

Pero para Aristóteles, el universo era único, esférico, perfecto, finito en el espacio, pero no en el tiempo, cada una de sus regiones tiene sus propias leyes. Esto es uno de los argumentos en que la filosofía de la naturaleza del renacimiento desmiente enfrentándose a la Iglesia por que ellos creían que el universo era infinito y autosuficiente en donde la tierra no ocupa posición privilegiada alguna. Además ellos defendían la posición del Sol como el centro del universo (heliocentrismo) y no a la tierra en el centro de este como suponía el Aristotelismo medieval (geocentrismo).

Uno de los que defendían esta posición era Giordanno Bruno. El era el primer panteísta y creía que Dios era todo el universo y no una personalidad. Pensador neoplatónico y radicalmente antiaristotélico, concibe un universo infinito, uno e inmóvil, que anticipa la concepción de la sustancia única. Considera Dios como causa interna de los fenómenos de la naturaleza y mantiene una visión heliocéntrica del universo. Afirma la existencia de múltiples sistemas solares que surgen y desaparecen en ese universo que se desarrolla como un “organismo vivo”, animado por el alma del mundo.

Otro filósofo de la naturaleza es Spinoza. Para Spinoza la base de todo su pensamiento lógico es la causa sui, es decir, una realidad que es origen de sí misma y a la vez de todas las cosas, que tiene por ello una existencia independiente. Esta “sustancia” es, por tanto, equivalente a Dios, es decir, aquello que existe por sí mismo y creador de toda realidad que es, a la vez, Él mismo. Dios y el mundo, esto es, su creación, son idénticos, dando lugar a un [panteísmo]. Él también concibe un universo infinito e inmóvil en donde Dios es la causa de todo. Spinoza afirma la existencia de una sola sustancia, aquello que no necesita otra cosa para existir. Esta definición solo correspondería a una sustancia infinita, Spinoza llama a esto Dios o la naturaleza (Deus sive natura).

Galileo y Kepler también participaron en este dilema del universo y de la tierra como centro del universo, aportando en gran medida con sus teorías y experimentos sobre las lunas de Júpiter, el movimiento de los planetas, las fases de Venus y el telescopio, a la filosofía de la naturaleza, ya que ellos afirmaban el heliocentrismo que creían estos filósofos.

El Alma Cósmica del mundo

Para la filosofía de la naturaleza esta expresión es muy importante. Se ha usado la expresión ‘alma del mundo’ para designar la totalidad del universo concebido como organismo, o «la forma» de este universo. La idea de un alma del mundo surgió tempranamente en la filosofía griega., la suposición de que todo está entrelazado llevó a algunos a admitir un alma en el mundo. La explicación platónica del origen del alma del mundo se debió a la observación de la naturaleza y no de algo mítico. Según algunos autores, el cuerpo del mundo está envuelto por su alma; pero, a la vez, el alma del universo se halla en cada una de las cosas de éste, no parcial y fragmentariamente, sino de un modo total y completo.

Los debates habidos en las escuelas filosóficas antiguas, debates que, bajo distinta forma, se reproducen en todos aquellos momentos de la historia del pensamiento en que lo orgánico «desplaza» a lo mecánico, se centraron particularmente en los estoicos y los neoplatónicos. Unos concebían, en efecto, esta alma del mundo de un modo muy cercano a lo material; el corporalismo de los estoicos no podía dejar de influir sobre su idea del alma cósmica.

En efecto, si el mundo es un ser viviente, racional, animado e inteligente «en el sentido de una sustancia animada dotada de sensación» esta tendría una muerte. Otros, en cambio, identificaban esta alma del mundo con la razón o bien hacían de ella, como los neoplatónicos, una de las hipóstasis de la unidad suprema. El alma del mundo quedaba entonces desligada de esta unidad; aunque estrictamente subordinada a ella, no podía tampoco confundirse con la unidad primera.

El alma del mundo quedaba entonces desligada de esta unidad; aunque estrictamente subordinada a ella, no podía tampoco confundirse con la unidad primera. La confusión del alma del universo con el primer principio es, en cambio, propia de las tendencias que podrían calificarse de «panteísmo organológico». Desde el momento en que se niega, consciente o inconscientemente, la trascendencia del primer principio, aparece el alma del mundo como lo que religa la totalidad del universo, como lo que expresa esta misma totalidad, o como la propia totalidad en cuanto única realidad existente.

Aquí vemos una distinción fundamental entre dos nociones del alma cósmica: la que la convierte en mera expresión de un organismo que es el universo entero, a la vez subordinado a un primer principio, y la que la identifica con este mismo principio, es decir, la que convierte en Dios el alma del mundo. Distinción que casi nunca se hace, cuando menos explícitamente, en los sistemas de la filosofía, donde justamente suele abundar la transposición de uno de dichos conceptos al otro.

Así ocurre, por ejemplo, con la especulación sobre el alma del mundo en los pensadores del Renacimiento (Agrippa, Paracelso, algunos místicos, sobre todo Bruno) y en románticos como Schelling, Bruno tiene conciencia de esta oposición y en ocasiones la declara, pero con el fin de eludir el panteísmo funde a veces las dos nociones en un solo concepto del alma del mundo, que es a la vez la divinidad y el principio orgánico del universo. Análogamente, Schelling, que procura eludir las acusaciones de panteísmo señalando que entiende a Dios a la vez como persona y como indiferencia de opuestos, indica que el alma del mundo es lo que religa en una unidad orgánica elementos del universo que, vistos desde fuera y fragmentariamente, pertenecen al reino de lo mecánico e inorgánico, pero señala también que es última expresión y aun realidad última de dicho universo. El alma del mundo se convierte entonces en un concepto que tiende a unificar el personalismo y el impersonalismo en la idea de lo divino, que procura tender un puente entre el teísmo religioso y el panteísmo filosófico, y por eso el alma del mundo puede ser simultáneamente, no obstante la frecuente distinción que se establece entre ella y la persona divina, principio, sentido y finalidad de un universo que es concebido siempre como un organismo.

Panteísmo

Con todo esto del Alma Cósmica o alma del mundo, los filósofos de la naturaleza se acercaron más y más a una perspectiva panteísta del mundo y creían en la naturaleza como al mismo Dios. Veamos la definición.El panteísmo es una doctrina que identifica el universo (en griego pan, todo) con Dios (griego, theos). La reflexión debe partir de un conocimiento de la realidad divina y después especular sobre la relación entre lo no divino y lo divino. A este punto de vista suele denominarse panteísmo acósmico. A la inversa, cuando la reflexión empieza desde una percepción de toda realidad finita, de las entidades cambiantes, y da el nombre de Dios a su totalidad se denomina panteísmo cósmico.

La Naturaleza

Acerca de la naturaleza, estos filósofos sostuvieron la idea de que ésta estaba animada y que poseía una especie de alma cósmica, de modo que todos los seres, tanto vivos como los inanimados, son entendidos como una manifestación de este organismo. Nos acercamos así a una perspectiva panteísta, es decir, a una concepción donde Dios se identifica con la totalidad, con la naturaleza, no siendo nada distinto a ella como pudimos aprender en la página anterior.

Bruno y Paracelso son algunos filósofos de la naturaleza que plantean este problema. Ellos en conjunto de otros filósofos como Voltaire, Spinoza, Jacobi, Hegel, Kepler, Galileo, Telesio, etc. Mantendrán varias ideas acerca de la naturaleza y su posición.

Ley Natural

En la ley natural, estos filósofos demostraron por medio de la observación los movimientos de la naturaleza. Ellos veían que la naturaleza se movía por sí sola; por ejemplo las lluvias, los terremotos, el giro de los planetas, los cambios de los mares, los seres en acto y en potencia; y concluyeron que debía existir una Ley Natural realizada por la misma naturaleza. En este pensamiento, ellos pensaron que la naturaleza tenía vida propia y llegaron a pensar en un alma cósmica que todo lo mueve.

En el ejemplo del sistema planetario, vemos cómo todos los movimientos que acontecerán en el futuro están predeterminados de un modo inevitable, no sólo los eclipses de Luna y de Sol pueden ser preestablecidos matemáticamente, sino que también pueden serlo los menores detalles en el transcurso de los movimientos de los planetas, los satélites o los planetoides. Sin embargo este ejemplo, si lo consideramos como modelo de una idea de toda la naturaleza expresado científicamente, nos permite suponer que —por lo menos, dentro de una lógica clara— es imaginable que la naturaleza exista ella sola por sí misma, pudiendo realizar el proceso normal y lógico de todos sus fenómenos dentro de una predeterminación continuada, sin tener necesidad de ningún gobierno divino del mundo. Viendo matemáticamente la función de la tierra y el cielo, estos filósofos de la naturaleza en la época de los grandes matemáticos franceses demostraron definitivamente que el sistema planetario puede servir como modelo para esta radical concepción de una naturaleza que se basta a sí misma: una naturaleza cerrada, de un modo ininterrumpido y originario, en ella misma.

La construcción de su sistema parte del dogma de la creación operada por un ser eterno e infinito, tanto en sapiencia como en bondad y en poder; siendo así, la creación debe tener un fin y estar regida por una ley, a la que llama ley suprema del orden, que tiene cuatro manifestaciones: la ley lógica, la física, la moral y la jurídica.Entonces para la filosofía de la naturaleza, este dogma es de suma importancia para sus ideas y lo utiliza para apaciguar a la Iglesia que en esa época no permitía ciertas ideas como el geocentrismo. La ley natural es el pilar de este movimiento y la base de todas sus explicaciones referentes al alma de la naturaleza y la autosuficiencia de ella. De ese modo la ley natural sería una ley previa al hombre mismo, universal e inmutable por semejanza a las leyes físicas o químicas cuya validez universal se puede verificar científicamente, del mismo modo la ley natural es accesible mediante la razón.

Naturalismo

Con el tiempo se creó el naturalismo que viene siendo la doctrina filosófica que sólo reconoce la existencia de la realidad natural, defendiendo, en consecuencia, un monismo metafísico. En función de la interpretación que se tenga de la naturaleza, el naturalismo puede plasmarse en un materialismo mecanicista (como en Demócrito de Abdera) o en un panteísmo vitalista (al estilo de los estoicos). El naturalismo volverá a desarrollarse con fuerza en el Renacimiento (Bruno, Campanella, Telesio) y en la época moderna (mecanicistas y empiristas), siendo numerosos los sistemas bajo los que se presenta.

La Filosofía de la Naturaleza hoy

La filosofía de la naturaleza hoy en día ha evolucionado a lo que hoy llamamos filosofía de la ciencia. Esta filosofía ya no se pregunta cuestiones como: ¿Habrá alma en el mundo? No, ahora la filosofía de la ciencia solo investiga las causas racionales de la naturaleza. Pero veamos una definición más exacta de esta.

La filosofía de la ciencia es la investigación sobre la naturaleza de la práctica científica. Se ocupa de saber cómo se desarrollan, evalúan y cambian las teorías científicas, y de si la ciencia es capaz de revelar la verdad de las entidades ocultas y los procesos de la naturaleza. Son filosóficas las dos proposiciones básicas que nos permiten construir la ciencia:

  • La naturaleza es regular, uniforme e inteligible.
  • El hombre es capaz de comprender la inteligibilidad de la naturaleza.

Estos dos presupuestos metafísicos no son cuestionados en la actualidad. Lo que intenta la filosofía de la ciencia es explicar cosas como:

  • la naturaleza y la obtención de las teorías y conceptos científicos;
  • la relación de éstos con la realidad;
  • cómo la ciencia explica, predice y controla la naturaleza;
  • los medios para determinar la validez de la información;
  • la formulación y uso del método científico;
  • los tipos de razonamiento utilizados para llegar a conclusiones;
  • las implicaciones de los diferentes métodos y modelos de ciencia.

Gran parte de la filosofía de la ciencia es indisociable de la epistemología, la teoría del conocimiento, un tema que ha sido considerado por casi todos los filósofos.

Algunos científicos han mostrado un vivo interés por la filosofía de la ciencia y unos pocos, como Galileo Galilei, Isaac Newton y Albert Einstein, han hecho importantes contribuciones. Numerosos científicos, sin embargo, se han dado por satisfechos dejando la filosofía de la ciencia a los filósofos, y han preferido seguir haciendo ciencia en vez de dedicar más tiempo a considerar cómo se hace la ciencia. Dentro de la tradición occidental, entre las figuras más importantes anteriores al siglo XX destacan Aristóteles, René Descartes, John Locke, David Hume, Immanuel Kant y John Stuart Mill.

La filosofía de la ciencia no se denominó así hasta la formación del Círculo de Viena, a principios del siglo XX. En la misma época, la ciencia vivió una gran transformación a raíz de la teoría de la relatividad y de la mecánica cuántica. En la filosofía de la ciencia actual las grandes figuras son sin lugar a dudas Karl Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend.

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