El sermón del monte

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¿Qué es el sermón del monte?

Por lo que se conoce como el sermón del monte, parece ser que fue Agustín de Hipona quien le dio este título, basándose en Mateo 5:1. Aunque a veces se usa la variante “de la Montaña”. Para Gandhi era “la quintaesencia del cristianismo”. En cambio para Nietsche era una maldición, ya que atenta contra la dignidad del hombre y es una enseñanza de débiles. Para otros muchos es imposible explicarlo y más aún ponerlo en práctica.

Lo que queda claro con estos comentarios es que nadie queda inamovible e indiferente ante este sermón. El novelista G. K. Chesterton, dice:

La primera vez que uno lee el Sermón del Monte, piensa que lo trastorna todo, volviéndolo boca abajo, pero la segunda vez descubre que en realidad lo que hace es colocarlo todo en su debido lugar. A la primera, siente que es algo imposible de realizar, pero a la segunda, llega a pensar que lo único posible es precisamente esto…

Juan Stott dice “probablemente es la parte más conocida de la enseñanza de Jesús, aunque posiblemente la menos comprendida, y desde luego…la que menos se obedece”. El sermón del monte, en Mateo es el resultado de la venida del Mesías y la proclamación del buen tiempo de Dios “El Señor me ha enviado a anunciar la buena nueva a los pobres” (Isa. 61:1). Que en Mateo como en Lucas, se empiecen con la bienaventuranza queda palpable que sólo el regalo gratuito de Dios, que apela al buen comportamiento del hombre, es en definitiva el eje que da movimiento al verdadero discípulo.

El sermón de la montaña, es el primer mensaje largo de Jesús que se nos menciona en Mateo. Es por esa razón que tiene un fuerte carácter fundamental. “Es el único discurso de Jesús que contiene casi exclusivamente preceptos suyos”. El sermón de la montaña no es teología sino praxis, estilo de vida promulgado para los discípulos de Jesús.

El sermón del monte es una instrucción de Jesús a sus discípulos, para que no actúen como los fariseos y letrados (5:20). Por el contrario exigen la predicación de Cristo (5:10-12). Poner en obra las palabras del sermón hace que los hombres ponga en alto al Dios y Padre del cielo (5:16). Lo que se quiere conseguir es que las palabras de la predicación se conviertan en obra y no lo contrario. “El sermón de la montaña afecta a todo el mundo a través de la predicación de los discípulos”.

Es por eso que este sermón de la montaña es para aquellos que ya son discípulos de Cristo, a la vez es un discurso ético de las conductas espirituales del Reino de Dios. Lo que a Jesús le importa es lo interno, es por eso que la primera sección del sermón de la montaña, se ocupa de los que pertenecen al Reino de Dios, las bienaventuranzas. Haciendo énfasis en el carácter de los discípulos y súbditos, ya que ellos tienen que asemejarse a Jesús en todo.

El auditorio del sermón del monte

Como vemos en los primero versículos de Mateo 5, Jesús subió al Monte, desde ese lugar dirige su doctrina, principalmente a sus discípulos, pero también a las multitudes que estaban y le habían seguido hasta ese lugar invitándoles a ser discípulos de él. El mensaje no va dirigido a un grupo especial sino que se dirige a todos.

En nuestro tiempo el sermón del monte se dirige primeramente a la comunidad cristiana, con el propósito de que ella sea quien lo ponga en práctica. La comunidad cristiana tiene que saber que es posible una sociedad diferente. El sermón se dirige a todos los lectores de este sermón. No es un sermón cualquiera, recoge los dichos de Jesús, que fueron proclamados desde la montaña. “La montaña es el lugar de la revelación divina y de otros importantes acontecimientos (Mat. 5:1; 14:23; 15:29; 17:1; 28:6).

El auditorio de este monte está lleno de personas que siguen a Jesús. Hombres y mujeres que han visto los milagros que había realizado, que han escuchado a Jesús mismo decir: “Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 4:17). Jesús estaba recorriendo toda Galilea, “enseñando, predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mat. 4:23). Estaban esperando al Mesías y en Jesús se daban todas las condiciones para serlo. Estas multitudes se pueden considerar discípulos de Jesús, por el hecho de que estaban dispuestas a ser enseñadas por Jesús.

El sermón de la montaña está dirigido no a los individuos aislados, ni primariamente a la humanidad en general. No es una “exigencia dirigida al mundo entero”. Su destinatario indiscutible es el pueblo de Dios, al que Jesús llamó, en conjunto, al seguimiento. Es, pues, claro que no podemos imponer como ley a nuestra sociedad pluralista el sermón de la montaña. El seguimiento no se consigue mediante una orden.

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