Ética en Eclesiastés

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Ética en el Eclesiastés

Autores: Nacho Simal, Pepi Vicente.

Tabla de contenidos

Introducción

La mayor preocupación en la literatura sapiencial es la ética, por ese motivo el propósito de este artículo es el de hacer un pequeño acercamiento a grandes rasgos a la idea de que esta ética, más concretamente, la de Eclesiastés, todavía es aplicable a nuestros días. Para ello intentaremos encontrar pautas éticas aplicables a nuestra vida.

¿Por qué el Eclesiastés? Este libro es el gran olvidado y, bajo nuestro punto de vista, el gran mal entendido, es necesario que nos acerquemos a él desde una perspectiva distinta a la que estamos acostumbrados para intentar extraer todo lo que nos está ofreciendo.

En primera instancia trataremos brevemente algunos aspectos generales, puesto que sólo nos vamos a centrar en la ética que surge de un solo libro, con lo que resultará interesante conocer ciertos datos sobre el contexto del escritor y un breve comentario sobre la etiqueta de pesimista en exceso que se le ha puesto normalmente al libro del Eclesiastés.

La segunda parte de este artículo es, precisamente, el intento de encontrar algunas pautas aplicables a la vida cristiana a partir de algunos de los textos más representativos, aunque no los únicos, de este libro. Con la ayuda de algunos comentarios al Eclesiastés intentaremos sacar conclusiones propias en la medida de lo posible.

El objetivo de este artículo es, simplemente, el de intentar hacer reflexionar sobre una ética distinta, que siempre ha estado presente en el libro del Eclesiastés, a la que estamos acostumbrados a escuchar en nuestros foros habituales.

Cuestiones preliminares

Conceptos generales

Posiblemente, si mencionamos el libro Eclesiastés, casi en cualquier auditorio de nuestras iglesias todos serían capaces de recordar alguno de sus versículos como “todo tiene su tiempo”, “vanidad de vanidades” y un largo etcétera. Sin embargo, y a pesar de poder recitarlos de memoria podríamos decir que este libro es uno de los grandes desconocidos. No sabemos toda la enseñanza que nos ofrece el Qohélet. ¿Por qué sucede esto? Posiblemente por el hecho de que se desmarca dentro de la literatura sapiencial. La visión casi fatalista del Qohélet nos parece incompatible con el lenguaje de los salmistas o los proverbios de Salomón. Nada más lejos de la realidad, puesto que tendemos a ver la parte por el todo. Detrás de ese lenguaje, a primera vista fatalista, encontramos un mensaje claro: la vida es un don de Dios, pero un don finito, por consiguiente, disfruta de ella.

Qohélet no busca determinar experiencias individuales, más bien contempla la vida en su globalidad y emite juicios al respecto . El Qohélet habla desde la experiencia, puesto que para él es la única manera de constatar una realidad. La realidad es siempre una realidad vivida.

¿Quién es el Predicador?

Existen distintas evidencias que apoyan la postura tradicional en la que se le atribuye el libro a Salomón, sin embargo también existen argumentos históricos y teológicos que nos hacen pensar que tal vez fue otro el autor. No obstante, no vamos a entrar a tratar este matiz, ya que este dato no tiene demasiada relevancia en nuestro estudio en estos momentos. Lo que nos disponemos es a modestamente intentar descubrir si se puede extraer alguna norma ética de sus palabras, sin embargo, sí que nos importará el trasfondo de tal autor, puesto que nadie puede huir de su cultura, aunque lo pretenda.

Qohélet da por supuesta la existencia de Dios, el problema de la divinidad no tiene ninguna razón de ser en su mentalidad. Dios es el pilar para Qohélet, el único posible, y lo diferencia de todo lo demás. El ateísmo es extraño para el autor . Lo único que pretende es compartir, como antes hemos dicho, sus conclusiones como gran observador que es.

¿Es el Eclesiastés un libro escéptico?

Posiblemente, Qohélet no se referiría a sí mismo como escéptico, ya que detrás de cada una de sus palabras, late Dios como única y posible respuesta a la existencia.

Para él Dios no es investigable, sin embargo, habla muchas veces de Dios y del temor de Dios . Es más, su aparente pasividad teórica se convierte en ferviente práctica a la hora de la verdad . Pero, en cuanto a la vida se refiere, sí podríamos catalogar al Eclesiastés como un libro escéptico y que el autor, a través de su propia experiencia, ha llegado a la conclusión de que el intento de vivir según la sabiduría tradicional queda obsoleto a la hora de ponerlo en práctica . Es escéptico hasta el punto de que también desconfiará de sus propias conclusiones.

Qohélet ve a Dios como única respuesta, como un absoluto en su vida, es así de sencillo. Para él la vida, no tiene ningún sentido que trascienda a la propia vida, no hay nada nuevo bajo el sol, dirá y defenderá hasta sus últimas consecuencias.

Para él, la sabiduría hecha dogma no sirve de nada . Qohélet apuesta por una observación individual y un llegar a conclusiones propias a través del cuestionar tales observaciones. Los dogmas, como tantas cosas, son absurdos para Qohélet.

Todo su razonamiento desembocará en la figura de Dios. Es ahí por donde todos los caminos pasan, se cruzan y vuelven a llegar y, a pesar de eso, el ser humano está incapacitado para comprender los designios de Dios. La fe y la dependencia en Él le harán dotar a la vida de un sentido “estable”.

Pero que confíe incondicionalmente en Dios no le libra de ser un escéptico. Él mismo se delata. La única conclusión segura a la que llega después de tanta observación es simple: todo es vanidad.

Problema ético en el Eclesiastés

Vanidad de vanidades

Podríamos decir que esta es la tesis sobre la que se va a desarrollar todo el pensamiento de Qohélet, pero eso sería agotar en unas cuantas palabras toda su enseñanza . Decir que lo único que aporta es la idea de que “todo es vanidad” sería simplista y reduccionista. Sin embargo, y no sólo por su constante presencia sino porque todo el libro parece respirar, en parte, a través de esta afirmación, la convierte en fundamental a la hora de entender el Eclesiastés en su totalidad.

Para el Qohélet parece y es una sentencia de gran importancia, reforzada por Ecl. 7:15 (“He visto todo durante mi vida de vanidad: hay justo que perece en su justicia, y hay impío que alarga su vida en su perversidad.” ) y Ecl. 9:9 (“Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de tu vida vana que El te ha dado bajo el sol, todos los días de tu vanidad, porque esta es tu parte en la vida y en el trabajo con que te afanas bajo el sol.” ), nos encontramos con que todos nuestros días son vanidad, que nuestras vidas son un cúmulo de vanidades.

¿A qué se refiere Qohélet cuando habla de vanidad? Hay diferentes puntos de vista sobre lo que el Predicador quiso decir. Demos un paso más, cuando Qohélet afirma que “todo es vanidad”, ¿qué está abarcando? Parece imposible pensar que Dios esté incluido en tal afirmación, este hecho nos ayuda a reforzar la idea de que se refiere a los procesos finitos de la vida, que para Qohélet recordemos se trata de una intrascendente vida.

No encuentra ningún sentido al afanarse por cosas como el trabajo o los procesos incomprensibles de la vida del hombre, puesto que al final todo es “correr tras el viento”. Proponemos, por tanto, que el motivo por el cual Qohélet empieza con esta afirmación en forma de sentencia, es precisamente esa, que toda su ética sapiencial está regida por un sentido de transitoriedad de la vida, por un “sin-sentido” del cual no cabe duda de que podemos extraer muchos aspectos positivos a la hora de enfrentarnos con la vida.

Sabiduría y conocimiento

Sabemos que Qohélet es una persona culta, sabia, formada, con un gran bagaje en la vida, él mismo nos informa de ello “Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo”, y podemos ver cómo en más de una ocasión echará mano de la expresión “esto he visto”. Basa la mayoría de sus conclusiones en la experiencia, ya que para él es “norma suprema” .

Como gran sabio y gran observador, parece imposible, contradictorio y confuso que afirme que “pues en la mucha sabiduría hay mucho sufrimiento; y quien añade ciencia, añade dolor.” (Ecl.1:18). ¿Es posible que el consejo que nos esté dando Qohélet sea el de permanecer en la más pura ignorancia? Nada más lejos de la realidad. Pero esto es lo más aproximado a la interpretación de cualquiera. Parece que nos esté alentando a no aumentar nuestra sabiduría, a no aprender, a no interesarnos por el aprendizaje propio, ya que esto causa dolor, pues más conocimiento parece venir acompañado de más padecimiento.

Esta afirmación está llena de verdad… matizándola, claro. Aquél que consigue conocimiento, obtiene las herramientas para interpretar su realidad, y puede que la utopía en la que creía estar viviendo se derrumbe catastróficamente. La verdad, que viene a través del conocimiento, abre los ojos y no siempre va a ser agradable lo que vamos a ver.

¿Deberíamos vivir, entonces, en la más pura ignorancia e indiferencia? Puede que estas herramientas nos ayuden a ver la realidad desnuda, a encontrar la verdad, y ni siquiera eso, aunque también nos proporcionará algunas de las herramientas necesarias para intentar construir un mundo mejor, para luchar por conseguir, aunque sea rozándola con las puntas de los dedos, la utopía antes mencionada. A través del conocimiento, uno puede contrarrestar la sinrazón, al absurdo, a la incoherencia. El conocimiento te enfrenta a la realidad… también te permite intentar cambiarla.

Bellas palabras, cargadas de esperanza pero también de decepción. Al escribir estas líneas no podemos evitar dirigir la mirada hacia el “pueblo de Dios” hoy. La situación actual de nuestras iglesias y de aquellos que las dirigen. Parece que nuestra estrategia en la iglesia actual, como lideres y maestros se basa demasiado a menudo en alejar al pueblo del conocimiento, por irónico y contradictorio que parezca. Nuestra forma de proceder no puede basarse en la seguridad y el poder que nos ofrece el hecho de tener a nuestro cargo un pueblo ignorante, sino que debemos luchar por ser un pueblo que conoce a Dios y que es retado por Él a vivir una transformación de vida movida por el arrepentimiento de nuestra “vieja manera de vivir” en esa ignorancia de la que éramos esclavos, sumergiéndonos en el conocimiento que va más allá de la Doxa (opinión) o la epistema (teoría), guiados por un conocimiento real, la sofía (conocimiento experimentado, que transforma).

Tal cosa a menudo se nos hace difícil. Como leíamos al comenzar este apartado, en Eclesiastés 1:18 y también muchos de mis compañeros de clase y yo misma estamos experimentando en nuestra propia carne, “en la mucha sabiduría hay mucho sufrimiento; y quien añade ciencia, añade dolor.”. Como dice un apreciado lema de hermanos queridos: ” entendemos la enseñanza teológica como riesgo” . Personalmente apostamos, como aconseja el Qohélet, ha asumir el riego del conocimiento, “a pesar de”.

Actitud ante la vida: carpe diem

Hasta ahora, nos hemos encontrado con la cara más sombría de Qohélet. En un primer momento, aunque después hemos intentado ver el lado positivo de sus palabras, parece que el pesimismo late por sí solo en las palabras del Predicador. El primer guiño a la alegría nos lo encontramos en 2:24 cuando leemos “No hay cosa mejor para el hombre que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios”. Y esta idea nos sigue acompañando durante los demás capítulos: 3:12-13, 3:22, 5:18…

Reflexionemos, por un momento, en la realidad etico-cristiana popular que nos rodea hoy en día. Muchos, viendo en el horizonte un futuro escatológico, tienden a pensar en esta vida, la de ahora, como en un periodo de tránsito, en el cual debemos sobrevivir, mejor o peor, evitando cualquier “contacto real” con todo lo que tenga que ver con este mundo, puesto que para nosotros está prefijado algo mejor, algo más “de arriba”. Se tiende a demonizar la mayoría de aspectos referentes a la vida terrenal, en su sentido más amplio. Parece que este versículo choca con esa comprensión.

Recordemos que para Qohélet, la vida es un fin en sí mismo, y que en su conciencia no hay ningún rastro de futuro escatológico, la vida, en su totalidad, acaba con la muerte. Posiblemente, desde esa perspectiva, concluye que la vida es también un don de Dios y que es de su agrado que disfrutemos de todo lo que ésta tiene para ofrecernos. La idea del carpe diem está latente en este libro, ya que el versículo mencionado tiene paralelos a lo largo de todo el escrito. Esta vida merece la pena vivirse lo mejor que se pueda, no en permanente luto. Esta vida es un don, no un castigo, no un periodo de prueba . Muchas más cosas de las que a primera vista creemos pueden ayudarnos a construirnos no sólo como personas, sino también como cristianos y, por consiguiente, a construir el reino de Dios.

El kairos en el Eclesiastés

Al llegar al conocidísimo 3:1 podríamos enzarzarnos en inacabables discusiones sobre la soberanía de Dios en la historia. Y no sólo de eso, “todo está escrito”, no podemos hacer nada para cambiar la historia puesto que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Muchas y variadas interpretaciones han nacido a causa de este texto.

K. Galling defiende que este texto, lo que nos está queriendo enseñar, es que Dios tiene un kairos preparado para todo, es decir, un tiempo idóneo para cada suceso debajo del cielo. Y precisamente, lo que el cristiano debe hacer, no es quedarse hundido en la pasividad pensando que “todo tiene su tiempo”, sino que debe estar expectante para aprovechar ese don de Dios.

Nuestra historia la vamos escribiendo nosotros mismos, Dios es una guía, un camino, una forma de ir escribiendo esta vida. Él nos ofrece un kairos para cada aspecto de nuestra vida. El ser humano debe aprovechar este regalo, saber exprimirlo, extraer todo lo que nos enseña y ponerlo en beneficio de la construcción del pueblo de Dios.

Cuando acabamos de leer el pasaje, esta preciosa poesía que Qohélet nos ofrece, nos percatamos de que, por cada suceso bueno, hay, por lo menos, un suceso menos positivo y, sin embargo, vemos que esto también viene de Dios. El kairos no solo compete a los sucesos positivos, a aquellos que a primera vista nos parecen positivos, el kairos lo abarca todo. Nuestra actitud ante cualquier suceso, ya sea bueno o malo, debe ser el de intentar extraer lo que Dios quiere enseñarnos a través de él, encontrar la manera de que nos edifique, nos ayude a crecer como personas y como creyentes. Debemos estar atentos, expectantes al kairos, a ese gran don de Dios.

La confianza en Dios

Hemos acabado el apartado anterior intentando reflexionar sobre el lado negativo de la vida. Encontramos que Qohélet en 7:14 reflexiona sobre esto: “En el día del bien, goza del bien; y en el día de la adversidad, considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”.

Dios es el soberano de la historia, y todo en Él es perfecto. De Él llegan tanto los días buenos como los días malos. Qohélet nos anima a gozarnos del día bueno, a disfrutar de él, como hemos dicho anteriormente. Es don de Dios que el hombre coma y beba y se goce en su trabajo. Sin embargo, ¿qué actitud debemos tener ante el día de adversidad?

Qohélet tiene una respuesta clara para esto: confiar en Dios, depender de Él. Dios crea tanto el día bueno como el día malo. Es en lo segundo cuando nuestra confianza en Dios queda retada, puesta en prueba. Cuando todo muy bien es muy fácil confiar en Dios, agradecerle todo lo que hace, estar dispuesto a Él en todo. Cuando el día comienza a nublarse, parece más difícil confiar en la soberanía de Dios, y todo queda tapado por la desesperación humana. Debemos depender de Dios, puesto que no hay nada más después de Él. La confianza en que Él hará es la clave. En esos momentos uno también puede aprender mucho de Dios, de sí mismo y de los demás. Muchas veces el sufrimiento, el padecimiento del seguimiento es necesario para que la persona quede configurada en su interior. Aprendiendo de esos momentos, nos convertimos en cristianos más fuertes, pero esto sólo sucederá si tenemos confianza plena en Él y nos demostramos dependiente de Dios en todo lo que hacemos.

Debemos confiar en que Dios vela por nosotros y que está a nuestro lado aunque parezca que nos ha abandonado. La soberanía de Dios puede que sobrepase nuestro entendimiento, pero nuestra fe debe llevarnos a la tranquilidad, tranquilidad propiciada por nuestra confianza en él.

Por una vida activa

Qohélet tiene mucho que decirnos, parece que todo esté enfocado hacia los momentos clave de la vida, aquellos que cobran relevancia: los momentos de fiesta, los momentos de prueba más duros. ¿Qué pasa con nuestra vida cotidiana? ¿Es que Qohélet no tiene nada que aportarnos en este aspecto? Eclesiastés 10:7 dice: “Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano: porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.”

El mensaje de este pasaje es claro. Lucha categóricamente ante una vida llena de pasividad. La vida está llena de incertidumbres que ni siquiera comprenderemos el día que acontezcan. La única manera de enfrentarse a ellas es a través de la constancia, del trabajo diario. Las palabras de Qohélet son una “invitación a la acción, aún a la acción arriesgada, como es la de todo labrador que arroja su semilla a la tierra, sin saber si recogerá o no buena cosecha” . La única manera de luchar contra la pasividad, es la acción diaria y constante.

Conclusiones

Es obvio que este artículo sólo roza todo lo que podríamos decir sobre la ética en el Eclesiastés. Aún así, hemos intentado elaborar una reflexión que refleje el hecho de que el libro de Eclesiastés está empapado de pautas que pueden ser seguidas por todos nosotros.

¿Qué tiene el Eclesiastés que no tengan los demás libros sapienciales?

El Predicador escribe desde su experiencia, es decir, desde un punto de vista nada utópico, sin querer afirmar que los demás libros sapienciales lo sean, mucho más real, puesto a la práctica. Huye de tópicos e intenta ser mucho más práctico, sin quedarse sólo en la teoría.

Dado que, como hemos mencionado en varias ocasiones, para Qohélet tan solo existe esta vida, está claro que su manera de acercarse a ella es muy diferente a la nuestra y, a pesar de ser un libro que no puede escapar de su contexto sociocultural, puede aportar mucha luz a los errores en los que, como creyentes, podemos llegar a caer respecto a esta vida. Qohélet ve la vida como un don de Dios y así lo expresa. Una parte importante de nuestra ética cristiana debe estar configurada desde ahí, no sólo eso, sino también desde la confianza y dependencia de Dios mismo. A partir de ahí, nuestra existencia adquiere otros matices que, posiblemente, habrían pasado desapercibidos.

Este libro respira una manera de enfrentarse a la vida paso a paso y, a pesar de su apariencia fatalista, es casi un canto a la vida, una vida que refleja un compromiso como pueblo de Dios. Un compromiso hacia la utopía del Reino.”Hay personas que el cambio no les infunde esperanza, sino únicamente temor. Pero quien sólo desea prolongar su presente en el futuro pierde las nuevas posibilidades que el futuro le ofrece, ahogando, junto con esas posibilidades, el propio futuro” “sin una desestabilización del propio sistema no hay transformación…sin crisis no hay oportunidad, sin crítica no hay libertad”

Bibliografía

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