Exégesis Romanos 8 por Claudio Cruces

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Tabla de contenidos

Prefacio de Martín Lutero (1522)

Esta carta es la verdadera parte principal del Nuevo Testamento y el evangelio mas puro. Es digna de que todo cristiano, no sólo la sepa de memoria palabra por palabra, sino también de que se ocupe en ella como su pan cotidiano del alma. Pues nunca puede llegar a ser leída o ponderada lo suficiente; y cuanto más se la estudia, tanto más preciosa y apetecible se vuelve.

Carácter de la epístola

La carta a los romanos, es la única carta del Nuevo Testamento escrita por el apóstol Pablo a una congregación que le era desconocida. La fecha de escritura se sitúa aproximadamente en el año 58 de nuestra era. El tema central: la justificación por la fe . Y para ello ataca el tema del pecado, la justicia, la antropología, el concepto de Dios, etc.

El versículo que impresionó a Lutero: Romanos 1:17 “El justo por la fe vivirá”, es tal vez clave en toda la epístola. Qué es Justicia y qué es fe deberían ser entonces las dos más grandes preguntas que debemos resolver a lo largo del estudio de esta carta.

Dos historias se debaten en la epístola a los romanos: el antes y el después, el tiempo en que la humanidad estaba condenada en Adán, y el tiempo en el que ha sido rescatada por Cristo. Dos eras antagónicas se debaten en [[Pablo de Tarso|Pablo]: dos eras que involucran a la humanidad entera, por eso habría que replanteares si hacemos bien cuando hablamos de la salvación como un hecho meramente individual y personal, dejando de lado la realidad corporativa del hecho redentor. ¡Cristo ha muerto!. ¡La humanidad entera ha sido redimida!. Lo que no quiere decir que la humanidad entera se salve sino que en Cristo hemos sido llamados a ser partícipes de una nueva historia; un nuevo reinado. El reinado de Nuestro Señor Jesucristo.

“Los dos hechos contenidos en ella (la epístola) y fundamentales para el concepto de Pablo son: 1) en este mundo nos hallamos bajo el dominio de la muerte y 2) Mediante Cristo Dios hizo irrumpir en medio de nuestro mundo el dominio de la vida, y mediante el Evangelio nos llama ahora a entrar en él con El”.

El Evangelio adquiere así un profundo contenido social. Ser salvos no es sólo una experiencia individual, sino la “destrucción de los muros de separación entre los pueblos con el propósito de reunirlos para formar un tempo viviente” . En otras palabras, no podemos hablar de salvación quitándole el contexto social que esta palabra implica.

Romanos 1:16,17

Pablo comienza estos versículos con una definición de Evangelio: Poder de Dios para salvación.

Es interesante saber que la palabra Evangelio es una voz griega compuesta que significa Buena Noticia. Pablo no utiliza esta palabra en plural como si las buenas noticias fuesen muchas. En el pensamiento de Pablo hay una sola Buena noticia digna de ser predicada y es, como veremos oportunamente Cristo irrumpiendo en la historia.

También nos dice que esa “buena noticia” es poder de Dios para salvación. Hoy en día cuando hablamos del poder de Dios lo hacemos centralizando en algún hecho milagroso. Vemos el poder de Dios sólo en el obrar del Espíritu Santo sanando extraordinariamente.

No obstante, aquí tenemos otra definición de poder de Dios: El Evangelio. Pablo no se avergüenza del Evangelio, porque es Poder. Hay poder en el Evangelio, en la buena noticia de que Cristo murió por nosotros.

También Pablo dice que este poder es de Dios “para todo aquel que cree”. Muchos suponen por esto que la fe es la moneda de cambio que tenemos los cristianos para comercializar nuestra salvación. En otras palabras: hay quienes suponen que la fe es “la parte que le toca” hacer al cristiano; Cristo hizo su parte, ahora yo hago la mía: pongo fe.

“Cristo vino a salvar a los hombres de fe”; como si la fe fuera un requisito previo al obrar divino. Pero cuando hacemos de la fe una cualidad subjetiva, se convierte en legalismo.

“más exacto es afirmar que la fe es un testimonio de que el evangelio ha ejercido su poder sobre él. No es la fe del hombre la que da su fuerza al evangelio, sino que por el contrario el poder del evangelio hace posible que el hombre tenga fe.”

“La fe es una viva e inconmovible seguridad en la gracia de Dios”

Por fe y para fe. “desde la fe y hacia la fe”, la vida del cristiano no es una vida que comienza con la fe y sigue con otras experiencias. La vida del cristiano es por fe “y siempre por fe”.

“Nada ha venido a ajustarse a ella (la salvación) como si dijéramos: he aquí el perdón de los pecados y mi experiencia”

El justo por la fe vivirá fueron palabras que a Lutero lo perturbaron hasta su conversión. “Solamente vivirá por la fe el que es justo y yo no llegué a poseer la justicia.” Pero un día comprendió que el versículo debía leerse con otro énfasis; poniendo la coma en otro lado. No debía leerse:El justo, por la fe vivirásinoEl justo por la fe, vivirá

El Justo por la fe quiere decir que sólo hay una justicia y no está en nosotros, ni en la ley, ni en nuestra obediencia. Tenemos una sola justicia y es una persona: Nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 1:18. La ira de Dios se revela

Romanos 1:18 comienza diciéndonos que la “ira de Dios se revela”. ¿qué es la ira de Dios?.

“La ira es atribuida a Dios en lenguaje figurado, llamado antropopatismo, que consiste en atribuir a Dios los sentimientos humanos, aunque a la verdad El no está sujeto a tales cambios.”En efecto, cuando hablamos de ira de Dios, tenemos que tener muy en claro que no estamos hablando de “odio”, ni “venganza” ni ninguna otro sinónimo que humanamente atribuimos a la palabra ira.

“En un sentido muy general puede afirmarse que la ira de Dios es una y la misma cosa que su santa indignación por el pecado.”

Esta “ira” se revela desde el cielo… muy a menudo corremos el peligro de suponer que Dios castiga a los incrédulos desobedientes mandándoles plagas y maldades. Pero sabemos que Dios revela su ira contra el pecado pero ama al pecador. Entonces ¿en que forma Dios revela su ira?. Veremos dos formas y tiempos en que el Señor lo hace:

1. Si entendemos la palabra ira como sinónimo de juicio, es necesario ver que el juicio de Dios, no es presente, sino que será “el día que Jesús juzgue los secretos de los hombres” (2:16).

En otras palabras: Desde la caída, y hasta el día del juicio, Dios siempre intervino en la historia por gracia. Aún en los momentos que pensamos que Dios está enjuiciando a la humanidad, o a un sector de ella, en realidad notamos que es un acto de gracia.• Así Dios echó a Adán y Eva del Edén para que el pecado no se perpetúe: un acto de gracia• El diluvio no fue otra cosa que un acto de gracia• En la torre de l el Señor dividió las lenguas no para confundir y destruir sino para que el hombre no lo siga buscando por caminos equivocados Dividió las lenguas: un acto de gracia.En fin; siempre que Dios intervino en la historia, lo hizo por gracia. En este sentido. “la ira de Dios” está guardada para el día de la ira (Ro. 2:5).

2. Pero en estos versículos se nos habla de que la ira de Dios se revela y se revela aquí y ahora, ¿de que forma?. No como castigo sino como consecuencia de haber sido entregado a sus propios caminos.

El pecado no es solamente infracción de la ley, tampoco es una cuestión netamente moral. La inmoralidad que describe Pablo a continuación es una consecuencia de un pecado previo: la separación de Dios. Dicha separación es la que produce los actos inmorales e injustos que enumera Pablo.

Podemos pensar que la ley es un conjunto de ordenanzas autoritarias de Dios. Pero la realidad es que Dios no dio un conjunto de leyes arbitrarias sino que sus mandamientos son un hecho de amor que muestran al hombre cual es la forma de vivir. En este sentido, cuando el hombre quiere ser desobediente, el hecho de que Dios le permita que su desobediencia llegue a las consecuencias lógicas Pablo le llama la ira de Dios.

Romanos capítulo 1 al 4. Todos pecaron

Los tres primeros capítulos de la epístola a los romanos nos hablan de la justicia de Dios revelada a toda la raza humana. No hay diferencias entre creyentes e incrédulos. Todos pecaron y no hay acepción de personas para con Dios. (2:11) Veamos detenidamente algunos versículos:

Capítulo 1.- La ira de Dios contra los gentiles

En el capítulo 1:18-32, Pablo se esfuerza en demostrar que los gentiles están condenados. La ira de Dios se revela contra los gentiles. No es que haya una arbitrariedad de parte de Dios en condenar a quienes no lo conocieron: “porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto pues Dios se lo manifestó (1:19). “La naturaleza es una imagen de la gracia” Y se lo manifestó por medio de la creación; por eso “no tienen excusa” (vs.20).

No está hablando Pablo aquí de lo que llaman teología natural, sino todo lo contrario. La teología natural enseña que el hombre puede llegar al entendimiento de Dios por medio del conocimiento de la naturaleza. Por medio de la reflexión natural, llegamos a relacionarnos con el único Dios verdadero.

“Somos alumnos indóciles, y demasiado ciegos, para leer en el libro de la naturaleza. Por eso el Creador nos ha dado un libro mas claro: la Biblia. Y en la Biblia, El ofrece su propia imagen. Ahí está, el creador. Porque sólo en El es revelada la voluntad divina en lo que concierne a la creación”

Pero el apóstol, no dice que por la reflexión en la naturaleza podamos llegar a relacionarnos con Dios, sino por el contrario, que ese conocimiento del creador condena a los hombres porque no hay fuerza en su voluntad para acercarse al Señor. Ese conocimiento, lejos de acercarlos a Dios, los condena, porque cambiaron lo incorruptible de Dios por imágenes de hombres y animales corruptibles (vs23).

Luego Pablo hace una lista de inmoralidades que se consecuencian del pecado de haber rechazado a Dios, y vuelve a recalcar que los gentiles entendieron el juicio de Dios, y no obstante, No solo las hacen sino que también se complacen con los que las practican (1:32)

Cap. 2.- La ira contra los falsos creyentes

He aquí tu tienes el sobrenombre de judío (2:17)

Aquí habla el apóstol de los creyentes “de sobrenombre” y también los condena por hacer lo mismo que los gentiles.

Los judíos tenían una falsa confianza en “la justicia que es por la ley”. “A nosotros no nos va a pasar como a los gentiles porque nosotros tenemos la ley”. A lo que Pablo responde que no son los oidores de la ley los justos ante Dios sino los hacedores de ella (2:13).

“No hay acepción de personas”.(vs 11) Y los judíos que condenaban a los gentiles por su falta de conocimiento, se ven ahora condenados por hacer lo mismo que condenaban (Vs. 21-23). Al punto de que el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por su causa (vs 24).

Para San Agustín la salvación provenía de la fe, pero dependía de las obras, este era el problema de los que tenían sobrenombre de judíos; el creer en que la justicia se encontraba en la ley y la fe era un medio para alcanzar la obediencia.

“Pablo no combina la ley y el Evangelio de tal modo que la ley contenga la verdadera voluntad de Dios que sin embargo, no podíamos cumplir; por lo cual nos ha dado el Evangelio a fin de que con su ayuda cumpliéramos la ley, (siendo justificados al fin por obras realizadas en esta ayuda). Jamás el apóstol considera la fe como un mero medio para alguna otra cosa, de la cual en última instancia todo habrá de depender.”

Es por eso que Pablo dice “por fe y para fe”. El único medio que tiene la fe es asirse de la gracia, no de la ley. Existe una sola justicia y es la justicia que es por la fe Una justicia de la cual la ley testifica, pero que no obstante, no es justicia.

Por eso, la justicia de Dios se ha manifestado aparte de la ley. (3:21) A fin de que El sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús (3:26).

De esta forma, los judíos que confiaban en la ley como elemento de justicia se vieron condenados por la misma ley que alardeaban.

Cap. 3.- La realidad de los creyentes.

¿Qué pues, somos nosotros mejores que ellos? ¡Claro que no! (3:9).

Las palabras de Pablo son contundentes; nos dice que en el Evangelio no hay acepción de personas. Que nadie se salva por estar “acomodado” con Dios por ser amigo de su hijo.

Ante el juicio de Dios, todos estamos en la misma condición; todos “pecamos”, y ni aún los verdaderos creyentes “buscaron a Dios”. Tanto los Gentiles, como los falsos creyentes, como los verdaderos creyentes se encuentran en la misma condición ante Dios porque “todos están bajo pecado”. (3:9). Y aquí comienza una lista de pecados: :no hay justo, no hay quien busque a Dios, no hay quien haga lo bueno…(3:10-18). Y después de esta lista, para que no haya dudas y que alguien interprete diciendo que aquí no habla de los creyentes aclara Pablo que la Biblia dice las cosas a los creyentes (vs 19).

¿Qué ventaja tenemos?. ¿de donde nos agarramos los creyentes si también estamos condenados?. NO , los cristianos no estamos condenados, pero tenemos que entender que en nosotros mismos sí lo estaríamos. Porque no hay diferencias, por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios (3:22,23).

Si no estamos condenados, no es gracias a nuestra santidad o conocimiento de la voluntad divina, sino al hecho consumado de Cristo crucificado. A fin de que El sea no solamente el justo sino también el que justifica (3:26).

Concluimos pues que el hombre (tanto “judíos como gentiles”)es justificado por la fe (no invalidando las obras de la ley -31- ) pero sisin las obras de la ley (vs 28)

Cap. 4.- El ejemplo de Abraham

Lo expuesto hasta aquí Pablo lo ejemplifica con la figura de Abraham. Los lectores judíos podrían haber pensado que el apóstol se refería con sus palabras solamente a los gentiles. Por eso Pablo decide no darle esa oportunidad y para ello, le pone un ejemplo incuestionable: la vida de Abraham.

Los judíos contemporáneos de Pablo tenían la creencia teológica que hoy llamamos “obras de supererogación” . En otras palabras; creían algo parecido al pensamiento católico contemporáneo.)

El juicio de Dios se equipara con una gran balanza donde Dios pesa las buenas y malas obras y decide según a que lado se incline. Si pesan mas las buenas obras; el hombre se salva. Si pesan mas las malas obras se pierden. Pero si la balanza queda en el medio ¿qué sucedería?. La teología judía de aquella época tenía una respuesta: Hay obras que son buenas, y que sin embargo no están implícitas en la ley. Estas obras deciden en el día del juicio, para que lado inclinarse la balanza del Señor.

Ahora bien: hombres como Abraham habían hecho tantas de estas obras buenas que se había podido salvar y además le sobraban. Y como le sobraba, podía prestarle a los otros judíos. Esto es lo que se llama hoy obras de supererogación y está escrito en libros deuterocanónicos como 4 Esdras.

Por eso el apóstol dice: Abraham por las obras tiene de que gloriarse ante ustedes pero no delante de Dios. Abraham creyó y por eso fue considerado justo (4:3), no por sus obras ni su obediencia. Mas aun: ni siquiera por su circuncisión, porque fue justificado por la fe antes de circuncidares así que es padre de judíos y gentiles (vs 10).

Resumiendo entonces brevemente el capítulo 4 podemos decir que:

  • La justicia de Abraham fue por fe
  • Abraham no llegó a ser justo por la circuncisión
  • Abraham no fue justificado por la ley
  • Abraham es el gran ejemplo del justo por la fe

Cristianismo y secularización

Cuentan que los fundadores del socialismo religioso europeo sostenían que Dios en un momento podía hablar con mas fuerza a través de un movimiento no religioso e incluso anticristiano, que a través de su iglesia.

El teólogo Dietrich Bonhoeffer admitía en sus cartas enviadas desde la prisión que a veces veía como El Señor se manifestaba con más facilidad fuera que dentro de la iglesia. “a veces -decía- me siento mas cómodo en la prisión que en el templo”.

Podemos estar o no de acuerdo, pero es nuestro deber analizar el porqué de esta afirmación.

En primer lugar, es necesario recordar qué es ser protestantes. La iglesia protestante se considera la portadora de la Gracia de Dios. Pero no solamente protesta contra el catolicismo por haber dogmatizado esa gracia, sino que es, como portadora de la gracia, una iglesia que vive en una autocrítica constante debido a que ninguna forma puede contener dicha Gracia.

El principio protestante admite de que Dios se manifiesta en el mundo secular. Esto es lo que afirma Pablo en Romanos capítulo uno cuando dice que “los gentiles conocen a Dios porque El mismo se lo ha manifestado” (Romanos 1:19,20,21). Lo que nos lleva a pensar que la Gracia es independiente de formas humanas e incluso no se subordina a dogmas ni formas religiosas ni aún a la iglesia. La Gracia “sopla como y donde quiere”.

Lo expuesto hasta aquí nos hace pensar que el protestantismo, entra en diálogo con la realidad secular como parte de su protesta a las formas sacralizadas: “El protestantismo niega la seguridad de los sistemas sacramentales que ofrecen formas inviolables, leyes sagradas, estructuras eternas”

En resumen: El protestantismo niega la soberbia religiosa que dice que sólo en el marco eclesiológico Dios puede manifestarse. El señor se hace presente en la historia como y donde mejor le place. Y precisamente éste es el mensaje del apóstol Pablo en los primeros cuatro capítulos de Romanos: Dios se ha manifestado fuera de la soberbia institucional. Ni los judíos, ni los gentiles, ni nadie puede atribuirse para si la exclusividad de la revelación divina. Dios se ha manifestado a los gentiles de modo que no tienen excusa. (ro. 1:20). Y también a los judíos por medio de una ley que han desobedecido. (cap. 2). Dios se le ha manifestado a Abraham antes de ser circuncidado. (4:10).

Existe, es necesario expresarlo, una diferenciación entre lo que se ha dado a llamar “secularismo” y lo que es la “secularización”. Lo primero, como la palabra lo indica, es un “ismo” de lo secular; lo segundo un proceso histórico que involucra también la iglesia en su dialéctica protestante.

“Nos ayuda hacer una diferenciación clara entre secularización y secularismo. La primera es un proceso histórico continuo, y el segundo una ideología fija y absoluta que tiene una tendencia al totalitarismo pagano o nihilista”.

No debe temer pues la iglesia a la secularización porque también ejerce una protesta contra las formas seculares. La iglesia, como ya dijimos, se pronuncia constantemente contra la sacralización de las formas; sean estas seculares o cristianas.

La secularización forma parte de la autocrítica del protestantismo. Es aquello que constantemente la aleja de la tentación de erigirse como aquel fetiche que ella misma ha derribado en las religiones paganas. La iglesia debe ser un instrumento de Dios en la historia y no un elemento de poder institucional.

Romanos Capítulo 5:1-11. Paz para con Dios

“He aquí un fruto notable de la justificación por a fe, porque si alguno desea buscar la paz de su conciencia por las obras (lo que se observa entre la gente profana y necia), perderá su tiempo. Porque si el corazón se encuentra adormecido por el menosprecio o el olvido del juicio de Dios, o bien se llena de temores y temblores o encuentra su reposo en Cristo, porque solamente El es nuestra paz”.

“Esta es la paz que han cantado todos los profetas: la paz espiritual… Este es el motivo por que Cristo es llamado Príncipe de paz (Is. 9:6). El es nuestra paz que de ambos pueblos hizo uno (ef.2:14,17),etc.”

El capítulo cinco comienza dando la conclusión de lo que hasta aquí el apóstol ha expresado.

“En los primero cuatro capítulos el contenido de Pablo fue exponer como nosotros, que a causa del pecado estabamos bajo la ira de Dios, ahora en Cristo hemos sido incluidos en la justicia de Dios…El llamarnos justos en Cristo no tiene otro sentido que decir que hemos sido justificados. En el concepto mismo de justificación está implícito que la justicia no es originalmente propiedad nuestra sino que se nos atribuye por una acción de Dios. No somos justificados por algo que hayamos hecho nosotros, sino por lo que Dios hizo en Cristo.

“Todo esto Pablo lo ha explicado en la primer parte de su exposición… ahora pasa a una parte nueva:…quien vive en Cristo…ha sido librado de la era de la muerte y ha entrado en la era de la vida”.

Así es entonces que Pablo comienza el capítulo hablando de los resultados de haber sido justificados: tenemos paz.

Interesante es enfatizar en lo que mas arriba dice Nygren : “No somos justificados por algo que nosotros hayamos hecho sino por algo que Dios hizo en Cristo. Lo que equivale a decir, que esa paz no es subjetiva; en otras palabras, la paz con Dios no es algo que nosotros hayamos elaborado sino un regalo de Dios para aquel que fue justificado. La paz con Dios emana de la cruz.

Dos versículos confirman el hecho objetivo de la redención:

1. Siendo aun pecadores Cristo murió por nosotros. (vs 8)2. siendo enemigos fuimos reconciliados (vs. 10)

Podríamos ligar estos versículos con efesios 2:1 donde nos dice que el Señor nos dio vida cuando estabamos muertos. Lo que equivale a decir que nuestra intervención en el proceso de la reconciliación es inexistente.

“Lo que urgió a Dios para actuar en nuestro lugar no fue algo que estaba en nosotros sino algo que estaba en El”

“Si la salvación depende de la justicia y santidad que se haya en nosotros mismos, estamos perdidos”

“Porque Cristo es el camino buscado, este camino no está al alcance de la capacidad humana, es una realidad fuera del hombre y sus posibilidades”.

Lejos está del pensamiento de Pablo suponer que la paz con Dios es resultado de santidad u obediencia. Por eso el mismo dice que su propia obediencia la tiene como pérdida (Fil. 3:7,8) y por eso mismo tiene como único propósito predicar a Cristo crucificado (1 cor.2:2)

Nuestra certeza de librarnos de la ira descrita en los primeros capítulos es plena porque no depende de nosotros. Nuestra certeza está en el hecho histórico de la muerte de nuestro Señor Jesucristo.

Romanos 5:12-21. Adán y Cristo

El capítulo 5:1-11 parecería haber ya abandonado el tema de la ira de Dios para entrar a hablar de la vida de en paz del hombre salvado de la ira.Sin embargo, los versículos subsiguientes parecerían retomar el tema en la comparación de Adán y Cristo.

Grandes debates trajo este tema. Muchos teólogos han visto estos versículos como un paréntesis que el apóstol Pablo hace en su discurso. El mismo Lutero, habló de estos versículos como un “paseo divertido”.

“Mas no sólo desde el punto de vista formal sino también en lo que concierne a su contenido objetivo, este pasaje a causado dificultad a los intérpretes. El paralelismo entre Adán y Cristo expuesto por Pablo, les ha parecido tan extraño y de tan difícil acceso que ello los ha inclinado a tratar a este pasaje como un paréntesis.”

No obstante, paréntesis o no, este texto es fundamental para entender no sólo la epístola, sino el pensamiento del apóstol Pablo. Por tanto, trataremos de estudiarlo con atención.

Ya las palabras iniciales ofrecen un problema: Por tanto. ¿a que de lo antedicho se refiere con ese por tanto? ¿a que frase está ligado?. Muchos intérpretes lo ligan a los versículos precedente (1-11); nosotros hemos visto que el apóstol divide en los primeros capítulos a la historia de la humanidad en dos. Lo que Nygren llama los “dos eones”.

“Adán es la cabeza del antiguo eón, el de la muerte; Cristo es el jefe del nuevo eón, de la edad de la vida.”

Adán y Cristo encabezan dos eras, las dos edades de las que hablan los capítulos precedentes: la ira, encabezada por Adán, la reconciliación encabezada por Nuestro Señor Jesucristo. Así como por el primer hombre vino el pecado sobre toda la humanidad, y junto con el la muerte; fue un sólo hombre, Jesucristo, que ingresó en el mundo la justicia de Dios y con ella la vida eterna.

Este es el contenido principal de la segunda parte del capítulo cinco, tal vez como un resumen o ejemplo de lo que hasta aquí se venía debatiendo. En Adán estamos “bajo la ira”; en Cristo “tenemos paz para con Dios”.

La “entrada del pecado en el mundo”, es un tema de disputa en el pueblo evangélico: ¿hemos recibido el pecado hereditariamente o somos condenados por el pecado que individualmente cometemos?. Una lectura general, parecería apoyar la idea de que el pecado lo recibimos hereditariamente de Adán; sin embargo, la frase por cuanto todos pecaron parece apoyar la idea de que somos condenados en la responsabilidad de nuestros actos.

Lutero, apoya la tesis de que el pecado se recibe de generación en generación: “no puedes justificarte porque eres hijo de Adán, el primero en pecar. Por consiguiente, tú también eres pecador, por cuanto eres hijo de pecador. Un pecador empero, sólo puede engendrar otro pecador, igual a él.”

Otros descartan la teoría del pecado recibido por herencia biológica y advierten de que el pecado entró en el mundo porque Adán es la cabeza de la raza humana.

Los pelagianos suponían que el hombre era pecador por “imitación”, a lo que Calvino responde: “de ser así se deduciría que Cristo no sería la causa de la justicia, sino solamente un ejemplo para ser imitado”

“Muchos quieren considerar las palabras por cuanto todos pecaron en relación con los pecados personales posteriores. Esto es imposible por mas de un motivo. Primeramente, aún las palabras la muerte pasó a todos señala la entrada y el acceso al mundo del pecado por un único hombre. Si las palabras finales del versículo 12 se interpretaran en relación con los pecados personales de todos, entonces este acceso de la muerte descansaría a su vez en los pecados de todos y el así perdería su relación exclusiva con lo que precede”

No obstante vemos que la idea principal de Pablo en estos versículos es que por un sólo hombre, Adán, Todos los hombres son pecadores sujetos a la muerte. Aún aquellos que no han transgredido la ley voluntariamente, como los recién nacidos, están sujetos a muerte, porque han sido insertados en el pecado de Adán a este mundo de pecado. Así dice el rey David: “en pecado me concibió mi madre” (salmo 51:5)

Es difícil entender estos versículos en un mundo tan individualista, nos parece injusto que Adán nos haya involucrado en un problema del que no tomamos parte. No obstante, es el mensaje de Pablo. Y no solamente eso; sino que así como en Adán, la cabeza de la raza humana, todos hemos sido constituidos pecadores, en Cristo, también sin participación nuestra, hemos sido hechos una nueva creación.

Adán es el antitipo de Cristo, Adán se asemeja a Cristo precisamente en que son diametralmente opuestos. En el primero recae la muerte; no como castigo de Dios, sino porque “la paga del pecado es muerte”. El pecado es muerte en si mismo porque no hay vida en él. En Cristo tenemos la dádiva de Dios, el don gratuito de la vida

Romanos 5:12 – 21. Adán y Cristo Tipo y antitipo

El debate en Romanos 5:12 al 21, gira en torno al versículo 12 ¿todos pecaron?. Mi condenación se basa en mi pecado individual o en el pecado de Adán.En este cuadro vemos como Pablo antepone lo que los hombres recibimos en Adán y lo que recibimos en Cristo. La clave está en el versículo 19 que dice que lo que recibimos de Adán y Cristo lo recibimos “de la misma manera”; es decir, sin intervención alguna de nuestra conducta.

En Adán En Cristo

  • Murieron muchos
  • Vino el juicio
  • reinó la muerte
  • reinó la muerte
  • fueron constituidos pecadores
  • el pecado abundó
  • el pecado reina para muerte

De La Misma Manera

  • Abundó la gracia y el don de Dios
  • Vino el don.
  • Reinó la vida para justificación
  • Reina la vida
  • Fueron constituidos justos
  • Sobreabundó la gracia
  • La gracia reina para justicia.

Romanos 5 :12 – 21. la Iglesia como cuerpo

Aunque el concepto de “cuerpo de Cristo” lo encontramos implícito en toda la Biblia (Sólo basta con ver la parábola de la vid y los pámpanos) es Pablo el que lo usa explícitamente causando en nuestros días no pocas discusiones. No obstante, no entenderemos los versículos de Romanos 5:12-21 si no lo encaramos desde una perspectiva corporativista.

Hay dos posiciones que confrontan en la actualidad:

  • Están quienes consideran que Pablo, al hablar de la Iglesia como cuerpo de Cristo, está diciendo que ésta ha sido incorporada simbólicamente a Cristo en el hecho salvífico. Somos su cuerpo porque él nos rescató y nos unió en su presencia.
  • Pero hay quienes suponen que somos parte del cuerpo de Cristo porque Cristo vive en la Iglesia.

De aquí se desprenden dos teorías en cuanto al ingreso del pecado en el mundo:

  • La teoría que supone una herencia biológica del pecado de Adán.
  • La teoría que plantea que somos incorporados en un mundo de pecado porque Adán fue la cabeza de la raza humana.

Tanto Adán como Cristo son considerados cabeza de la raza humana. Adán introdujo la muerte; Cristo la Vida.

El pensamiento corporativo es muy difícil de ser entendido en la actualidad en un sistema tan individualista como el neoliberal. Hoy en día la palabra libertad se entiende en un marco netamente individualista: Soy libre de hacer lo que quiero… es mi vida… Debido a lo cual, se complica entender, y hasta se ve como injusto el hecho de que seamos considerados pecadores por culpa de Adán.

El tema de la salvación se ha visto en términos forenses (legales) o morales (crisis de conciencia). Sin embargo, es interesante ver como Pablo en estos versículos saca la vista de lo meramente individual para hablarnos de la salvación en términos corporativos; estamos perdidos por una crisis de la que formamos parte porque pertenecemos a una comunidad: la raza humana. La salvación entonces no se ve en Romanos como un simple bálsamo para una conciencia sucia sino como la construcción de un nuevo cuerpo, el cuerpo de Cristo, la edificación de una nueva humanidad.

La predicación de la Gracia viene a ser entonces en este mundo, la predicación más revolucionaria de la historia. En un mundo donde prima el individualismo, donde la teoría del mercado es asumido como natural y saludable, y donde el valor de las personas se miden por cantidad; vienen los cristianos a predicar que Cristo irrumpió en la historia para construir una nueva humanidad, basada no en la teoría del valor sino en la gratuidad del amor.

Romanos 6. Libres en Cristo

Hasta ahora la epístola a los Romanos, nos ha hablado de cómo llegamos a ser justos por la fe, la parte que ahora nos ocupa es cómo vivirá ese justo por la fe, y, veremos, la respuesta es en total libertad:

Libre del pecado (cap. 6)Libre de la ley (cap. 7)Libre de la muerte (cap. 8)

La vida en libertad, es una característica constante del pueblo de Dios, en éste el capítulo seis, hablaremos de la libertad del pecado.

Ya en el capítulo cinco Pablo habla de la libertad en Cristo concluyendo: cuando el pecado abundó, sobreabundó la Gracia (5:20). El apóstol sabía que aquí caminaba por el filo de la navaja; podía ser mal interpretado en cualquier momento, por eso el capítulo seis comienza aclarando una objeción que sabía que los fariseos le iban a refregar: ¿pecaremos por eso? ¡por supuesto que no!.Una pregunta de la que ya se había ocupado con anterioridad ¿por que no decir…hagamos males para que vengan bienes? (3:8) La respuesta no se hace esperar. Pablo nos habla en el capítulo seis de porqué (6:1-14) somos libres del pecado y para qué (6:15-23).

Libres por el bautismo

La respuesta de Pablo a la pregunta ¿pecaremos para que la gracia abunde? es un no enfático y la razón de ese no se halla en el bautismo. Todo el que fue bautizado en Cristo participa de su muerte y de su vida. El bautismo nos incorpora en Cristo, en una nueva comunidad que se llama cuerpo de Cristo, quien es nuestra cabeza, y por ende, su muerte es nuestra muerte, y su resurrección es la nuestra.

La simbología del bautismo no deja dudas: al sumergirnos, simbolizamos la muerte de Cristo y al levantarnos del agua su resurrección. Y por pertenecer a su cuerpo, somos participantes tanto de su muerte como de su resurrección. En este punto conviene rescatar lo que dice Nygren que si bien el bautismo es un símbolo, “no sólo tenemos que ver con símbolos sino con realidades. Lo que el bautismo simboliza realmente sucede y precisamente por medio de él” .

El versículo 5 se torna interesante cuando dice fuimos plantados juntamente con El. Ese plantados, que retoma en el capítulo 11:17 ss. Cuando habla de los gentiles “injertados” en el verdadero olivo. No porque seamos injertados, quiere decir que no tengamos raíces. Somos copartícipes del mismo olivo, y el olivo es Cristo.

Pero en la práctica vemos que esa libertad del pecado de la que Pablo habla con tanta insistencia, parece disolverse en la realidad. No hay iglesia a la que el apóstol visitara, en la que el pecado no fuese una realidad activa. Tal vez la respuesta esté en que libertad de pecado, no sea sinónimo de perfeccionismo (o impecabilidad)

Estar libres del pecado y no pecar son efectos de cosas muy distintas entre sí. Si alguno pregunta a Pablo si el cristiano es “libre de pecado” respondería con un si incondicional. En cambio si le pregunta si el cristiano es “sin pecado” contestaría también incondicionalmente con un no.

¿Donde encontramos la respuesta a tal paradoja que nos plantea Nygren.?. Sin duda alguna en la definición de pecado. Si el pecado es un estado en el que el hombre nace, un estado antropológico (“en Adán), pues entonces el hombre está libre del pecado. Pero si vemos al pecado como lo presentan los pietistas como una realidad básicamente ético-moral, “que según su opinión el cristiano puede vencer en virtud de su nuevo estado espiritual” , debemos reconocer que estamos lejos de haberlo alcanzado.

Entendemos pues que Pablo, cuando habla de libertad del pecado no lo hace de una perspectiva moralista sino en un sentido antropológico. El pecado fue vencido por Cristo y nosotros somos partícipes de esta victoria porque nos ha sido imputada en el símbolo del bautismo. La libertad del pecado es así un hecho objetivo (“fuera mío”) del que gozamos por ser partícipes de una nueva realidad: el cuerpo de Cristo.

El versículo siete afirma que somos justificados del pecado porque hemos muerto, palabras que se explican más detalladamente en el cap. 7:1-6. Pero aquí lo liga al vers. 14 somos justificados…el pecado no se enseñorea de nosotros porque no estamos bajo la ley sino bajo la Gracia, lo que equivale a decir que nuestra justificación, el hecho de no estar bajo la esclavitud del pecado no depende de una cualidad moral que se halla en el cristiano, sino a que ahora, el cristiano vive bajo un nuevo sistema: el sistema de la gracia.

Libres para servir a la justicia

Pablo comienza el capítulo con una pregunta ¿pecaremos…?; ahora, cuando ya parece haber contestado la pregunta, vuelve a efectuarla: ¿pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? (vs. 15).

Hay dos cosas que al hombre le cuesta entender: una es el sentido legítimo de la palabra libertad, otra es la palabra gratis, por eso siempre especula con la Gracia de Dios. Debido a esto Pablo recalca a cada instante que dicha libertad y que dicha Gracia no son justificación “para la carne”.

En estos versículos el apóstol utiliza el ejemplo de la esclavitud. Parece que el hombre no tiene libertad para elegir ser libre. Sólo tiene libertad para elegir a quien servir y de quien liberarse. Ser esclavos del pecado y estar a su servicio, o servir bajo el nuevo régimen que Cristo instituyó en la cruz.

Claro que ambas esclavitudes son diferentes. Por ello muchas versiones traducen esclavos del pecado y siervos de la justicia. La esclavitud del pecado es estar “doblegados por” el pecado; la esclavitud a la justicia es estar al servicio de aquel que nos hizo libres. La esclavitud al pecado nos hacía “libres” de la justicia; la esclavitud a la justicia se debe a que estamos libres del pecado.

Un término militar se utiliza para mostrar nuestra dependencia al pecado opsonia “la ración del soldado”. En el versículo 23 se nos dice que un soldado que combate a favor del pecado tiene como “ración”, como alimento, como participación por haber luchado su favor…la muerte. La muerte es mostrada hasta aquí, no como un castigo de Dios por no haber cumplido este o aquel mandato arbitrario. La recompensa del pecado es la muerte. Los que combatieron en esta guerra a favor del pecado llevan como consecuencia la muerte porque pecado y muerte son sinónimos, porque no hay vida fuera de Dios. Pero la dádiva (en griego carismas: don, expresión de la Gracia divina) de Dios es “vida eterna”. Y dicha vida eterna no está en el cristiano sino “en Cristo Jesús Señor nuestro”.

Romanos 7:1-6. Libres de la ley

La revelación de Dios consta de ley y evangelio, componentes que a los ojos del hombre natural, se contradicen entre sí. Dicha contradicción se anula cuando se tiene en cuenta la diferencia entre el y Evangelio, la cualconsiste en que la ley no es un camino de justificación, sino queúnica y exclusivamente el evangelio, es decir, Cristo, esdicho camino.

Sabemos que la ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno (7:12), pero es debido a la naturaleza humana caída que el pecado toma fuerza por medio del mandamiento. Utilizando lo que es bueno, el pecado se muestra sobremanera pecaminoso (7:13). Por eso el matrimonio no podía funcionar. Una ley perfecta, no puede casarse con un hombre pecador y esperar que el matrimonio ande bien.

Pablo dice en estos versículos que no podemos apartarnos de la condenación de la ley estando sujetos bajo su dominio. Pero utilizando tal vez el símbolo del bautismo nos dice, no que la ley murió, porque la ley estará siempre vigente, sino que nosotros hemos muerto, y al morir, hemos sido librados de su dominio. Ahora, resucitados junto con Cristo, pertenecemos a otro Señor: a Jesucristo a fin de que fructifiquemos, que seamos fértiles en nuestra relación con Dios como fuimos fértiles en nuestra relación con el pecado

Estos frutos de los que venimos hablando, no son promovidos por la ley sino por el Espíritu (vs.6) Si en la vida según la carne la ley no tenía poder para producir buenas obras, tampoco en la vida según el Espíritu tiene poder de hacerlo. La ley no puede generar vida, ni obediencia ni santidad, aún en la vida nueva.

De otra forma, se derrumbaría el sólo Cristo, estandarte básico de la reforma. Cristo no es un nuevo legislador, El nos ha venido a librar del pecado, y para lograrlo, debió librarnos de aquella ley de la cual el pecado se servía. ¿pecaremos por ello? Claro que no, porque ahora que somos de Cristo, hemos sido llamados a servir en el régimen nuevo del Espíritu. Nuestra obediencia no es ya legal, pero no por eso deja de ser obediencia. No somos obedientes por exigencia sino por amor.

De eso habla Gálatas cuando dice que la ley era un maestro (pedagogos) que nos conducía a Cristo, pero ahora, hombres os, ya no necesitamos de ese pedagogo.

Este amor no precisa de un mandamiento, ya que por iniciativa propia sabe lo que debe hacer.

Romanos 7:7 – 8:1. Simul Justus et peccator

Romanos 7, siempre fue capítulo de preguntas y dudas en el pueblo cristiano: ¿habla Pablo de sí mismo, o de la experiencia de un inconverso? ¿puede ser que el cristiano todavía debata con el pecado?. ¿puede pecar el cristiano y seguir siendo salvo o pierde su salvación en cada falla?. Esta y otras preguntas se han hecho los cristianos a lo largo de la historia. No es nuestra intención en estas pocas palabras despejar todas las dudas, sólo daremos un breve pantallazo a la visión del autor, que es básicamente el pensamiento histórico – protestante.

Somos simultáneamente justos y pecadores decía Martín Lutero, Pecadores por nosotros mismos pero justos por la obra de Cristo en la Cruz.

Estas palabras al principio no molestaron al catolicismo, porque ya Agustín hablaba del simultáneamente justos y pecadores, solo que con una pequeña – gran diferencia: Agustín decía que el hombre desde que se convertía, era en parte justo y en parte pecador, y que estas dos partes se daban simultáneamente en el ser humano mientras crecía la justicia y decrecía el pecado. En otras palabras: el hombre tiene un porcentaje de justo y un porcentaje de pecador.

Para Lutero, no obstante, el hombre era totalmente justo y totalmente pecador, y ambas totalidades se daban simultáneamente. No hay en Lutero diferentes grados entre pecador y justo, en si mismo, el cristiano más consagrado debe declararse totalmente pecador, pero en la fe puede decir: “has alcanzado la meta”. De esta manera, el cristiano siempre está, en sí mismo al comienzo del camino, pero en Cristo, llegó a la meta hace dos mil años. “El cristiano está equidistante entre la nada y la plenitud, pero está en ambos al mismo tiempo.” .

“El santificado siempre se da cuenta que lo que aún le falta no es menos que todo.”

Lo que quiere decir en definitiva es que el verdadero cristiano vive parcialmente en los dos eones simultáneamente, se vive una tensión entre los dos mundos: en mi mismo y en Cristo. Por esto Lutero siempre aclara que la justicia del hombre, es siempre una justicia ajena.

El yo de Romanos 7

¿A quién se refiere Pablo cuando dice YO en estos versículos? ¿Está hablando de sí mismo o de un hombre no regenerado?

La teología griega, desde Ireneo, asegura que estos versículos no describen la vida del cristiano, sino la de aquel que conociendo la voluntad de Dios, no la cumple. Agustín, como vimos, fue uno de los exégetas latinos que apoyó la idea de que Pablo hablaba de sí mismo, y supone que lentamente, el creyente se va apartando del pecado para llegar a la victoria de Romanos 8.. Hoy en día, el pensamiento católico más frecuente es que el capítulo 7 de Romanos nos habla del hombre sin Cristo. El pensamiento evangélico desde Lutero es interpretar este pasaje como la experiencia de Pablo; fueron los pietistas, los primeros evangélicos en apoyar la interpretación católicoromana.

Veamos algunos argumentos que apoyan la postura de que Pablo habla de si, y por ende de la condición del cristiano:

  • En primer lugar, debemos reconocer que la simple lectura nos lleva a la interpretación de que Pablo habla de sí. Sólo un pre concepto teológico nos pueden hacer dudar de ello.
  • Los versículos 14 al 25 nos hablan en presente, por lo tanto reflejan la condición presente de Pablo.
  • El versículo 25 enfatiza: así que yo mismo.
  • En Filipenses 3:6, Pablo habla de su vida de fariseo sin demasiadas perturbaciones.

Interpretar estos versículos pensando que Pablo habla de los cristianos, nos lleva a la interpretación que hacía el filósofo Sören Kierkegaad cuando comentaba que el arrepentimiento no debe darse sólo por algún pecado puntual sino que el hombre debe acudir a Cristo en busca del perdón de todo sus ser.

La justicia del cristiano es entonces siempre ajena, siempre será en si mismo 100% pecador; pero en Cristo 100% justo.

Pablo habla entonces en el capítulo 7:14-25 de la realidad en que vivimos todos los hijos de Dios en este mundo. Una tensión entre el ya de la salvación y el todavía no, el “aún falta” para la total regeneración. Una vida en que nuestra mas grande expresión de santidad es el reconocimiento de la naturaleza pecadora.

“De santos orgullosos debemos pasar a ser pecadores que ni ante Dios ni ante si mismos quieran aparentar otra cosa que eso: ser pecadores”

Romanos 8. Libres de la muerte

El capítulo 8 comienza con palabras que deberían estar finalizando el capítulo anterior: ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. El versículo originalmente termina allí. Algunos manuscritos posteriores agregan los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.

Importante es notar que Pablo venía preguntándose quien lo libraría de la muerte. Da gracias a Jesucristo porque es él quien lo liberta y concluye: Así que yo mismo sirvo con la carne a una ley pero con el espíritu a otra. Pero la conclusión es que; a pesar de que el cristiano vive aún en franco diálogo con el pecado, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Derrumba el apóstol con estas palabras, las pretensiones de quienes quieren llegar a su salvación por medio de la santidad.

Vuelve el versículo 2 a tratar el tema de las dos leyes: la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Estas dos leyes, no son dos “mandamientos” sino dos tendencias en la vida humana; el orden de la muerte, y el orden del Espíritu de vida. Esta última libra al creyente de la ley del pecado y de la muerte.

Dios ha hecho lo que la ley no podía: dar vida y librarnos de la muerte.

El versículo 3: lo que era imposible para la ley no debe entenderse como una imposibilidad temporal. No se trata de que a la ley le era imposible pero que en el hombre regenerado cumple un papel de santificación que antes no podía. Ya Pablo nos ha dicho que la justicia que la ley testifica, se ha manifestado aparte de ella (ro. 3:21). La ley objetiviza la voluntad de Dios, nos dice cual es Su Justicia; pero la misma ley testifica en contra de la justicia de la ley y a favor de la justicia de la fe. Por ello es que en el capítulo anterior el apóstol resalta que la ley es santa y el mandamiento santo justo y bueno (7:12).

Pero cuando la ley se enfrenta a nuestra naturaleza pecaminosa se convierte en condenatoria. El mandamiento que era para vida me resultó a mi para muerte. (7:10) Es así como la ley nos condena y no puede hacernos justos porque carece de ese poder antes y después de la conversión. Por eso es que la justicia de Dios se debe revelar “aparte” de la ley. Su justicia se ha cumplido en nosotros por medio de la justicia de Cristo. De este modo la ley y la fe no se contraponen como virtuales enemigos sino que una hace lo que la otra no pudo hacer.

Por eso, decíamos, no podemos entender la imposibilidad de la ley como algo temporal, no se trata de que la ley condenaba nuestros pecados y le era “imposible” salvarnos, pero que ahora, desde que hemos creído, fuimos transformados por el Espíritu para poder obedecer a la voluntad de Dios. No, porque esta interpretación nos llevaría a usar la fe como “moneda de cambio” y no como agente de la justicia. En Cristo hay verdadera justicia, el evangelio no es un medio para alcanzar la meta de la obediencia.

Carne vs. Espíritu

La paralelización de “humano” y “espiritual”, “carne” y “espíritu” podrían entenderse como de dos sustancias, la una baja, la otra superior, al estilo de la antropología helenista y gnóstica corriente. Pero en un ambiente palestinense no se piensa en categorías de sustancia, se piensa en categorías de acción. “Carne” es el hombre en su modo de existir, como ser creado en la historia y para la historia; “espíritu es la relación de Dios con el hombre, su destino para el futuro.

Desde esa perspectiva, “carne” y “espíritu” no son dos substancias contrapuestas. No existe un dualismo que contrapone un hombre superior que se relaciona con Dios por medio del espíritu y que se opone a Dios por culpa de su cuerpo.

En otros términos, la verdadera existencia es aquella en la que un hombre, libre y gozosamente, por sobre barreras y limitaciones convencionales, mas allá de lo que demanda o exige la ley, incluso tal vez mas allá de lo que la ley permite, se solidariza con la necesidad del prójimo y responde a ella… Vivir en la carne es ser gobernados por una voluntad que no se confía al propósito de Dios…ni se abre al prójimo.

El objetivo de la libertad de la muerte (vs 12-16)

El cristiano se ha puesto a salvo de la muerte soberana. Pero esto significa que tiene que vivir realmente. Si la muerte ha sido destronada, debe considerarse después en nuestra vida y no adaptar mas nuestra vida a sus demandas.

Así dijo el Señor: yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Jn.10:10). Y no habla, como sabemos, de cantidad de vida, sino de calidad de vida. Una vida que ha sido librada de la muerte para servir al Señor en la persona del prójimo.

Es el Espíritu de Dios el que le habla a nuestro espíritu y nos dice que tenemos vida abundante porque somos hijos de Dios, formamos parte de su familia, le decimos Abba Padre (papito). Somos reconciliados, tenemos parte con El en su gloria, somos santos y tenemos vida abundante porque somos parte de su familia.

El triple gemido (vs. 17-39)

Los versículos subsiguientes nos hablan de un “triple gemido”. La naturaleza gime (8:22); El cristiano gime (8:23); y el Espíritu Santo gime con gemidos indecibles (8:26)

El gemido de la creación

Estos versículos equiparan a la redención de la creación con la redención del cristiano. La creación espera gimiendo ser redimida junto a los hijos de Dios.

Tal vez esto nos enseñe dos verdades muy importantes: El hecho de que la creación entera esté esperando la redención, nos muestra como el Señor involucra toda la naturaleza en la reconstrucción de una nueva historia. Juan vio “un cielo nuevo y una tierra nueva” (ap. 21:1). La esperanza de que la vida futura se realice en la tierra creada y renovada por Dios para ese propósito es una realidad escritural.

En segundo lugar, el hecho de que Dios se preocupe por la redención de toda la creación, nos lleva a revalorizar, como vimos repetidas veces, la redención no ya como un hecho solamente individual sino como una realidad cósmica. La salvación no es un hecho del “alma” o del “individuo”. Pablo lo aclara mas aún en Efesios cuando define la redención como una realidad de Dios que sujeta todas las cosas en Cristo.

El gemir del Creyente

Unamuno escribió un libro titulado: La agonía del cristianismo. Y es por eso que el cristiano gime, precisamente porque vive agónicamente esperando su redención. Una redención que ya le fue dada en Cristo, pero de la que aún espera su manifestación completa.

Esta tensión entre el “ya” y el “todavía no” hacen gemir al cristiano. El Espíritu nos ha garantizado que esa redención es nuestra; pero mientras exista esa tensión el cristiano estará gimiendo en esperanza aguardando lo que no ve. Y no es que no lo vea porque aun no se ha concretado, muy por el contrario. Gime, porque aquello que se ha concretado en su vida, todavía no se manifiesta plenamente.

El Espíritu Gime

Es esa tensión que vive el cristiano la que hace gemir a la persona del Espíritu.

El Espíritu viene en ayuda de nuestras flaquezas sabiendo que nosotros estamos en este mundo limitados para conocer la plena voluntad de Dios. Pero el espíritu clama con gemidos indecibles intercediendo a nuestro favor.

Es en su oficio de paracletos, del abogado que está a nuestro lado igual que Jesús que El Espíritu emite plegarias indecibles, no incomprensibles, sino anhelos difíciles de expresar con palabras.

Por lo demás…

Sabemos que en todas las cosas interviene Dios (28) para bien de sus hijos, a los que conforme al propósito de Dios, hemos sido llamados.

Tal vez la discusión entre “calvinistas” y “arminianos” se vería reducida si empezamos a ver al pueblo de Dios como un cuerpo; un cuerpo que fue llamado y predestinado para reflejar la imagen de Dios.

Basta ver que todo proviene de Dios: el llamamiento, la justificación, la Santificación, la glorificación. No hay nada que pueda ser atribuido al esfuerzo humano.

¿Qué diremos?

En oposición a las teorías que pretenden quitarle su cruz al cristianismo, el apóstol, no esconde los grandes problemas que traerá aparejado ser cristiano: tribulaciones, angustias, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada.

Pero en todas estas cosas donde el mundo ve derrota, nosotros nos consideramos “mas que vencedores” comparando esta realidad, con la que está por venir.

Somos mas que vencedores no por medio de la gran prosperidad que hay en nosotros hoy, sino por medio de aquel que nos amo, del que venció en nuestro lugar. Por eso nada nos podrá separar de su amor. Cristo ha vencido, y ningún agente externo nos podrá quitar la realidad del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 9. La soberanía de Dios

Profundo dolor siente Pablo por sus compatriotas israelitas, debido a quienes somos adoptados como hijos, coherederos con Cristo (Romanos 8:17); de ellos es la gloria (doxa = grandeza, esplendor,…luz) , el pacto, la ley, el culto y las promesas y de los cuales, según la carne (naturaleza humana) vino Cristo, El cual es Dios por sobre todas las cosas, bendito por los siglos, Amén.

Es interesante ver este grito de júbilo del apóstol que muestra la divinidad de Cristo. La versión del Nuevo Mundo traduce: de los cuales vino Cristo. Dios sea bendito… Pero más que una traducción es una interpretación. El es sobre todas las cosas Dios (Epi panton Zeos) La Nueva Versión internacional traduce: Quien es Dios sobre todas las cosas. Nos encontramos sin dudas ante un versículo que revela la divinidad del Señor.

¿falló el Señor?

La Palabra de Dios no falló (vs. 6) nos aclara Pablo. Si Israel fracasó, la culpa no es de Dios, porque no todos los descendientes de Israel son israelitas. En otras palabras la filiación no tiene que ver con “carne ni sangre” (Juan 1:13). Los verdaderos Israelitas son no por descendencia sino por la fe (9:6,7,8). Por tanto, cuando hablamos de Israel, debemos recordar que el verdadero no es la nación sino aquel que Dios eligió por la promesa, con sus ramas injertadas. La promesa de Dios no ha fallado, existe un Israel espiritual que es el remanente de Dios.

La elección

En el contexto del la elección del Israel espiritual es que el apóstol hace alusión a Jacob y Esau. El está en primer lugar hablando de la elección de un pueblo, no de un individuo, y en ese contexto nos dice que Dios no falló con la elección de Israel porque El tiene la soberanía absoluta y elige al que quiere. ¿porque Dios eligió a Israel? la respuesta es porque El es soberano. ¿Cómo se te ocurre altercar con Dios? (v. 20) . Este predominio de Dios por sobre las decisiones del hombre no constituye bajo ninguna perspectiva, una injusticia (v.28).

En segundo lugar, Pablo está desestimando en estos versículos las obras humanas como objeto de aproximación a Dios: no habían aún hecho ni bien ni mal (vs. 11). Lutero comenta que : La salvación del hombre depende por entero del libre albedrío, plan, voluntad y obra de otro. Pero, el acento no está puesto en el albedrío humano, sino en La soberanía de Dios. Dios es soberano, y su soberanía está fuera de discusión.

El antagonismo entre predestinación y libre albedrío tal vez surja de dos lecturas:

1.- El ver la predestinación como un hecho meramente individualista, y2.- Leer estos pasajes desde la voluntad humana en lugar de enfatizar la soberanía divina.

En tercer lugar, el apóstol está demostrando en estos versículos que a Dios no se lo puede entender desde razonamientos meramente humanos. Hay quienes quieren comprender a Dios mediante criterios humanos y Pablo los interpela: ¿que piensan decir, que Dios es injusto? (vs. 14). Y hasta llega a indignarse por el sólo hecho de hacerse ese planteo. La soberanía de Dios, su amor y misericordia, no son hechos comprensibles que puedan ni deban ser juzgados por el razonamiento humano.

Por último, el apóstol muestra cómo el rechazo parcial de Israel y el reemplazo también parcial por los gentiles, era un hecho pronosticado desde el Antiguo Testamento. No es un parche ni un cambio de planes de Dios, ya lo había profetizado en Oseas (Os. 2:23; Ro. 9:25,26) y en Isaías (Is. 10:22,23; Ro. 9:27-29).

Romanos 9:30 – 10:21. La justicia que es por la fe

Con una extraña paradoja comienza este párrafo: quienes no buscaban nada, han alcanzado la justicia; quienes buscaban la justicia, no alcanzaron nada. Más paradójico aún es que los que buscaban la justicia no la alcanzaron no por ser injustos, sino por ir tras la justicia que es por la ley.

Cuando ya el tema de la justicia por la ley o por la fe parece agotado, Pablo retoma el pensamiento y condena el uso de la ley como práctica de justicia. Israel no alcanzó la justicia aunque se esforzó por ello. Más aún, Israel no alcanzó la justicia porque se esforzó por ello. Buscaron la justicia, pero no la que es por la fe, sino la que es por obras: la justicia propia. Ignoraron la justicia de Dios (Vs.3) y buscaron la propia (id).

La justicia que es por la ley (vs. 5) promete vida por medio de la obediencia, (10:5) porque al que obra, se le cuenta el salario como deuda (4:4). Pero al que no obra, sino cree… al que confiesa con su boca y cree, será salvo (vs. 9) y no será avergonzado (vs. 11)

El versículo 4: El fin de la ley es Cristo no debe entenderse como que la ley termina o concluye, sino como finalidad, en el contexto de Gálatas 4, donde nos muestra que la finalidad de la ley era conducirnos, por medio de mostrarnos nuestra condición irredenta, a Cristo, la única justicia verdadera.

La salvación, lo dijo en el capítulo anterior, no depende ni del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.(9:16), aquí, dicha salvación la relaciona con el oír: La fe es por el oír, y el oír por a Palabra de Dios (10:17). Este oír, no depende de nuestro oído, sino de la Palabra de Dios. La salvación, no depende pues, ni de las obras, ni de ninguna otra cosa “cuerda”. Dios quiso salvarnos por medio de la locura de la predicación (1º Cor. 1:21).

Pero, si la salvación es por oír la Palabra, ¿quién se la predicará al mundo?; porque ¿como oirán sin haber quien les predique?. ¿y como predicarán si no fueren enviados?. Aquí tenemos que reflexionar en lo que se ha dado en llamar el sacerdocio universal de los creyentes. Pedro dijo que todo el pueblo de Dios y no unos pocos son Real sacerdocio (1Pedro 2:9). No pertenecemos a un pueblo de algunos elegidos para el sacerdocio y muchos laicos. Todo el pueblo de Dios es real sacerdocio.

El comentario San Jerónimo, en el tomo 2 comenta el punto de vista católico con relación a Romanos 10:10: “Este versículo formula retóricamente la relación de la justicia del hombre y su salvación con su fe y la profesión de la misa” (¿…?) … y con respecto al vs. 15 añade: “la predicación autorizada…”

Ni la doctrina de la sola fe, ni el sacerdocio universal de los creyentes, son respetados en este comentario. La predicación, tiene que ser “autorizada”; ¿autorizada por quién?. Cuando hay un mandato de Dios tan expreso de “ir y predicar” para que la gente sea salva por el “oír”, no tengo que esperar más autorización de nadie. La predicación del Evangelio, es un privilegio que el Señor le obsequió a cada uno de sus hijos.

Romanos 11. El rechazo de Israel, por su propia culpa

Desde el capítulo cuatro, Pablo nos viene hablando de un remanente espiritual. A Abraham, la promesa le fue dada por la fe para que sea hecho padre de muchas naciones (4:17). En el capítulo nueve, habla nuevamente de Israel, y dice que no todos los descendientes de Israel son israelitas (9:6). La Palabra de Dios no falló, sólo que la promesa se cumple en el Israel espiritual. No son los israelitas de carne y sangre los que recibieron la promesa, sino los que son de la fe.

Por eso ahora se pregunta: ¿ha desechado Dios a su pueblo?. En ninguna manera (vs.1) Dentro de la nación de Israel hay un remanente que no ha doblado sus rodillas ante baal. Pablo es la prueba de ello.

Ese remanente, en oposición al pensamiento judío contemporáneo de Pablo, no es elegido por obras de la ley sino por Gracia. La elección de Israel, no es en virtud a su grandeza nacional, ni a méritos intrínsecos al pueblo judío. No es racial ni por su santidad y obediencia. Dios eligió un pueblo de pura gracia (vs. 5). Y si es por gracia, ya no es por obras, de lo contrario, no sólo la gracia se vería desnaturalizada, sino también las obras (vs.6).

El rechazo de Israel no le causa asombro a Dios. No se trata de que Dios tuvo que buscar un “plan B” por el fracaso de Israel. Este fracaso se debe a que Israel buscaba una justicia fuera del Señor, en las obras de la ley; hecho el cual que ya estaba profetizado desde varios siglos antes (Ver 11:9,10)

La transgresión de Israel, es la riqueza del mundo (vs. 11,12); Muestran estos versículos, que aún lo mas malo en la historia, Dios lo utiliza para beneficio del hombre.

Fuimos injertados en el olivo (16-24). Dos analogías usa Pablo para referirse al pueblo de Dios: 1.- la masa: si la primer masa es escogida, toda la masa con sus aditivos posteriores lo será. 2.- El olivo: somos ramas injertadas de un olivo silvestre a un olivo “rico”. Ni el olivo natural puede jactarse de su condición, porque fue “podado”, ni el olivo injertado puede jactarse precisamente porque es un injerto.

A estas palabras se las ha interpretado desde una perspectiva teológica. Tal vez debería dársele una lectura mas social; para ello, habría que observarlo a la luz de efesios 2:11-22:

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo, vosotros los gentileseras llamado incircuncisión…Pero ahora en Cristo Jesús…aboliendo en su carne las enemistades…para crear en si mismo de los dos un sólo y nuevo hombre… y mediante la cruzreconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpoAsí que ya no sois extranjeros…sino conciudadanos…

Sin dudas, Pablo está tratando un tema que aquejaba a la iglesia de aquellos días: la diferencia entre los judíos, poseedores de todas las tradiciones y las promesas, y los gentiles conversos. El apóstol hace un esfuerzo para conciliar a los dos en un solo cuerpo: el cuerpo de Cristo.

Bíbliografia

  • Martín Lutero, Obras Tomo v111 (comentario sobre Gálatas)
  • Martín Lutero, Obras Tomo X (Comentario Sobre Romanos)
  • Calvino, Comentario de Romanos
  • Calvino, Institución de la religión cristiana
  • Béla Leskó. En Busca del pensamiento de Martín Lutero (Facultad Luterana de Teología)
  • Nygren Anders, Comentario de Romanos
  • Karl Barth, Bosquejos de Dogmática
  • Barclay, William, El Nuevo testamento Comentado Tomo 8
  • Cranfield C. E. B., La Epístola a los Romanos
  • De Pura Gracia

Autor del artículo: Claudio Cruces

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