La desinformación en la iglesia

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Sabiduria versus ignorancia en la iglesia

Una de las realidades de nuestras iglesias hoy es la aplastante desinformación bíblica y teológica que se respira, y lo que es más, el desconcertante miedo a tocar los temas tabú, difíciles y comprometidos que desde arriba se tratan de ignorar mirando hacia otro lado como si no existiran, un mutismo apabullante.

En el trabajo pastoral se nos enseña que una iglesia necesita dirección, consolación, restauración, corrección, exhortación… Sabemos que la palabra de Dios es viva y eficaz, que trae consuelo al alma, que vivifica, que instruye, dirige, restaura, nos protege, sirve de lámpara, nos corrige, nos exhorta y un largo etc, por ello yo opto sin lugar a dudas por un trabajo pastoral volcado en la labor de enseñanza como prioridad ineludible. Ser como el pastor que provee alimento espiritual en delicados pastos, instruyendo a la congregación en la Palabra de Dios.

No me refiero a proveer migajas, sino que opino que a pesar de que el conocimiento a veces produce dolor (como dirá el Qohélet) debemos apostar por una enseñanza de calidad en nuestras iglesias. Sin ocultamiento ni sobreprotección. Este ejercicio pide una opinión personal y me gustaría crear una línea paralela de reflexión con el Qohélet de Eclesiastés. Me impresiona que como gran sabio y gran observador, afirme algo que parece contradictorio “pues en la mucha sabiduría hay mucho sufrimiento; y quien añade ciencia, añade dolor.” (Ecl.1:18).

El conocimiento según el Eclesiastés

¿Es posible que el consejo que nos esté dando Qohélet sea el de permanecer en la más pura ignorancia? Nada más lejos de la realidad. Pero esto es lo más aproximado a la interpretación de cualquiera. Parece que nos esté alentando a no aumentar nuestra sabiduría, a no aprender, a no interesarnos por el aprendizaje propio, ya que esto causa dolor, pues más conocimiento parece venir acompañado de más padecimiento.

Esta afirmación está llena de verdad… matizándola, claro. Aquél que consigue conocimiento, obtiene las herramientas para interpretar su realidad, y puede que la utopía en la que creía estar viviendo se derrumbe catastróficamente. La verdad, que viene a través del conocimiento, abre los ojos y no siempre va a ser agradable lo que vamos a ver.

¿Deberíamos vivir, entonces, en la más pura ignorancia e indiferencia? Puede que estas herramientas nos ayuden a ver la realidad desnuda, a encontrar la verdad, y ni siquiera eso, aunque también nos proporcionará algunas de las herramientas necesarias para intentar construir un mundo mejor, para luchar por conseguir, aunque sea rozándola con las puntas de los dedos, la utopía antes mencionada. A través del conocimiento, uno puede contrarrestar la sinrazón, al absurdo, a la incoherencia. El conocimiento te enfrenta a la realidad… también te permite intentar cambiarla.

Bellas palabras, cargadas de esperanza pero también de decepción. Escribo estas líneas y no puedo evitar dirigir mi mirada hacia el “[pueblo de Dios]” hoy. Pienso en la situación actual de nuestras iglesias y de aquellos que las dirigen. Parece que nuestra estrategia en la iglesia actual, como líderes y maestros se basa demasiado a menudo en alejar al pueblo del conocimiento, por irónico y contradictorio que parezca.

Nuestra forma de proceder no puede basarse en la seguridad y el poder que nos ofrece el hecho de tener a nuestro cargo un pueblo ignorante, sino que debemos luchar por ser un pueblo que conoce a Dios y que es retado por Él a vivir una transformación de vida movida por el arrepentimiento de nuestra “vieja manera de vivir” en esa ignorancia de la que éramos esclavos, sumergiéndonos en el conocimiento que va más allá de la Doxa (opinión) o la epistema (teoría), guiados por un conocimiento real, la sofía (conocimiento experimentado, que transforma).

Tal cosa a menudo se nos hace difícil. Como dice un apreciado lema de hermanos queridos: “entendemos la enseñanza teológica como riesgo” (lema de Ateneo Teológico). Personalmente apuesto, como aconseja el Qohélet, ha asumir el riego del conocimiento, “a pesar de” y por tanto primar el aspecto de la provisión de alimento en el ministerio pastoral.

La tarea pastoral

En mi experiencia cotidiana con algunas congregaciones cercanas he podido observar que se le dedica un gran esfuerzo pastoral a la tarea de dirección de la iglesia.El pastor junto con el cuerpo de liderazgo de la iglesia, se reúnen, oran, buscan dirección, plantean metas a corto, medio y largo plazo.

Esta tarea pastoral es importante para llevar una línea de crecimiento, que permita a la iglesia marcar un desarrollo discipular de los nuevos creyentes, un programa para niños y jóvenes, una línea de actuación en la labor de evangelización, acción social y misiones dentro de la iglesia local, etc.

También dentro de este aspecto de la tarea pastoral de dirección de la iglesia, se incluye como no, la dirección individual de aquellos miembros de la iglesia que lo necesiten, mediante la pastoral personal.

En la tarea de dirigir al rebaño, es importante recalcar que el pastor no arrastra, ni fuerza a las ovejas a que le sigan, debe ganarse su respeto y confianza. Obviamente esto se consigue mediante una relación personal transparente en la que el pastor se sitúa como ejemplo de vida, siendo el mismo el primero en aplicar lo que predica a su propia vida. Creo que en esto nuestras iglesias y pastores ponen un gran esfuerzo y dedicación. El testimonio de los líderes es algo a lo que se le da importancia hoy en las iglesias más cercanas que conozco.

Sin embargo creo que en la tarea pastoral actual existen grandes déficits. El primer déficit que observo es el de proveer alimento al pueblo. Ya he dado algunas pinceladas en cuanto a esta realidad del panorama protestante actual. Creo que el conocimiento de la Palabra no es algo guardado para unos pocos que por cuestiones circunstanciales pueden apartar un tiempo para ir a un seminario a estudiar.

¿Estamos cambiando la espada de la Palabra por el escudo de la ignorancia?

Pienso que el pueblo de Dios como diría Pablo a los corintios todavía pide leche espiritual cuando ya debiera tomar carne.

Esta tarea de “destete”, creo que es responsabilidad y tarea del cuerpo ministerial de los pastores.

A veces he visto un cierto miedo hacia la investigación y conocimiento de la teología por el pueblo “llano”.

Algunos de los motivos que he escuchado a este respecto son que no debemos confundir a la iglesia con demasiada información, que podemos sembrar dudas que hagan tambalear la fe, que no entenderían los detalles y matices del conocimiento profundo de las Escrituras y malinterpretarían esta información.

Personalmente creo que hemos acostumbrado a la iglesia a clases de “flanelógrafo” y predicaciones “light”, en las que les recordamos el amor de Dios, el sacrificio de Jesús por nuestros pecados, el arrepentimiento que nos trae salvación y el camino de santidad en el que todos nos encontramos batallando la buena batalla de la fe.

En estas cuatro frases se puede resumir la temática de las predicaciones y estudios que he oído en mi recorrido eclesial.Sin embargo, hasta que no comencé mis estudios formales, no se me habló nunca del proceso de canonización, de los pasajes de nuestras Biblias que no aparecen el los manuscritos más antiguos, de los diferentes métodos de exégesis, de la critica textual o de las fuentes, del Reino de Dios, del por qué mataron a Jesús, etc.

Simplemente se me enseñó a entender las cuatro leyes espirituales, que son sencillas de memorizar y repetir de carrerilla, pero complejas de entender y asimilar.

Creo que el esfuerzo debe dirigirse a que los fieles de nuestras iglesias interioricen estos conceptos, con un lenguaje actual y no tanto dando vueltas a afirmaciones en el argot evangélico del que estamos viciados.

La enseñanza profunda revestida de sencillez creo que es la clave. Como nos enseñó el Maestro de Maestros, hay que hablar a la gente con un lenguaje contemporáneo, que entiendan, con la máxima sinceridad, declarando los misterios de Dios.

Es interesante oír a Jesús en los evangelios diciendo: “porque oísteis que fue dicho” , sin embargo sigue: ” pero yo os digo…”. Dios habló a su pueblo y ese pueblo cogió el mensaje y lo desfiguró, lo amoldó según su propia opinión, lo uso para sus propios beneficios y en pro de lo que entendió que era apropiado. Y tuvo que venir Jesús a denunciar este atropello a la Torah que los escribas y fariseos habían hecho (en el nombre de Dios por supuesto).

Debemos tener cuidado de no cometer el mismo error de oír lo que dice la Biblia para adaptarlo a nuestra forma de pensar y nuestro concepto de espiritualidad y en el nombre de Dios imponer al pueblo nuestras conclusiones personales y subjetivas, no vaya a ser que muchos de nosotros recibamos la misma exhortación: “oísteis que se os dijo pero yo os digo”. En la iglesia si preguntas a alguien sobre casi cualquier tema te dirá, bueno yo oí que alguien predicando dijo…., este es el riesgo al que me refiero, el mismo error en el que cayeron los escribas y fariseos que en su amor y aparente fidelidad a la Torah y a Dios, deformaron su imagen de amor, colocando cargas y yugos difíciles de llevar.

Estoy convencida de que la información no crea dudas que tambalean la fe, sino que ante la ignorancia nos aferramos a los cuatro axiomas que conocemos sin querer ver más por miedo a caer, sin embargo Jeús dijo que la libertad verdadera está en conocerle. En conocer la verdad (Jn.8:32).

El conocimiento despeja dudas, miedos y temores para afianzar la fe, una fe a la que no le tiemblan las piernas cuando tropieza con un agnóstico universitario que le lanza una pregunta comprometida, o ante el acoso de una pareja de Testigos de Jehová.Cómo dice Pedro en su primera carta:

“…Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os mande razón de la esperanza que hay en vosotros” 1P.3:15

Es hora de abandonar los rudimento del mundo, los dogmas eclesiales de hombrea para volver a la verdad de la Palabra viva de Dios.

“Si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué como si vivierais en el mundo os someteis a preceptos tales como: “no uses”, “no comas”, “no toques”? Todos estos preceptos son solo mandamientos y doctrinas de hombres, los cuales se destruyen con el uso. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría, pues exigen cierta religiosidad, humildad y duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” Col.2:20-23.

Conclusión

Apuesto pues por fomentar la tarea pastoral de proveer alimento al pueblo, de comenzar el “destete” de nuestras congregaciones, para empezar a introducir alimento sólido, un alimento que traiga renovación de nuestra mente, una renovación que nos transforme. Un alimento espiritual con efecto “bifidus” que nos renueve por dentro y por fuera.

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