Los espíritus inmundos en el Nuevo Testamento

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Los espíritus inmundos en el Nuevo Testamento normalmente están relacionados a posesiones de personas (endemoniados), provocando en éstas transtornos físicos (enfermedades, agresividad…) y de la conducta (mostrando comportamientos antisociales.

Los espíritus inmundos reconocen a Jesús y a sus seguidores, y se sujetan a la autoridad del nombre de Cristo. Tanto en el ministerio de Cristo como en el ministerio apostólico vemos como hay un énfasis en la actividad que los demonios ejercian poseyendo a personas, de tal forma que las expulsiones en endemoniados forman parte (junto a las sanidades y otros milagros) de la manifestación del mensaje de Cristo “el reino de Dios se ha acercado”.

En el tiempo de Jesús vemos multitud de alusiones a estas actividades demoniacas pero una vez dejamos las referencias de los evangelios y avanzamos en la historia del Nuevo Testamento van siendo cada vez más escasas las citas sobre espíritus inmundos poseyendo a personas y cuando se citan suelen relacionarse con actividades que intentan influir desde el exterior a los creyentes, referidas sobre todo a falsas doctrinas (doctrinas de demonios y falsas enseñanzas) que afectaban a la Iglesia en sus inicios.

En varias de las epístolas del Nuevo Testamento se insta al creyente a no creer toda doctrina sino “probar los espíritus”, incluso Pablo habla del don de “discernimiento de espíritus” que algunos poseian dentro de la Iglesia en su etapa carismática.

También se menciona la posición de autoridad del creyente en el nombre de Cristo sobre los espíritus inmundos y el fin de estos, que será de juicio y condenación eterna.

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