Luciano de Samosata

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Luciano de Samosata (Samosata, 125 – ¿181? d. C.), escritor sirio de expresión griega, uno de los primeros humoristas, perteneciente a la llamada Segunda sofística.

Biografía

Fue aprendiz de escultor y abogado, y se dedicó luego a la sofística recurriendo todo el Mediterráneo durante el reinado del emperador romano Marco Aurelio dando conferencias. Se estableció en Atenas (163-185) y quizá murió en Alejandría poco después de 181 d. C.

Producción literaria

Se conserva casi toda su obra en prosa, el Corpus Lucianeum, alrededor de 82 opúsculos de temática muy variada entre los cuales acaso una decena son apócrifos. Bastantes son obras retóricas (Elogio de la mosca) y a veces ronda la autobiografía (El sueño o El gallo) y le tientan la historia (Sobre cómo escribir la historia) o la filosofía (La pantomima, El pecador), pero se le conoce fundamentalmente por una serie de desternilllantes diálogos satíricos y morales (Diálogos de los dioses, Diálogos de los muertos, Diálogos de las cortesanas, Caronte el cínico, Prometeo, La asamblea de los dioses, El parásito) donde se desacredita todo tipo de creencia filosófica y religiosa. Entre estas últimas, figura no sólo la religión pagana, sino también la cristiana, que cada vez tomaba más pujanza; en La muerte de Peregrino presenta a Jesús como un vulgar embaucador. Luciano se constituye, pues, en algo así como el Voltaire del mundo antiguo.

Compuso también libelos como El maestro de retórica, parodias de las tragedias clásicas como El pie ligero o La tragedia de la gota y una novela corta, Historia verdadera, donde idea un viaje a la Luna en un barco arrastrado por una providencial tromba de agua y donde, entre otras maravillas, ve a los selenitas, que no tienen ano, hilar los metales y el vidrio para hacer trajes, beber zumo de aire o quitarse y ponerse los ojos, y asiste a la guerra entre el emperador selenita y el solar; se trata tal vez de la primera obra de imaginación pura especulativa de la literatura universal, pues ya el mismo autor afirma en ella lo siguiente: «Escribo, por tanto, sobre cosas que jamás vi, traté o aprendí de otros, que no existen en absoluto ni por principio pueden existir». Es, pues, uno de los abuelos de la ficción científica o Ciencia-ficción. De tema parecido es el Icaromenipo, escrito en el que el filósofo real Menipo de Gádara, personaje cínico habitual en sus sátiras contra la religión, consigue volar con un ala de águila y otra de buitre desde el monte Olimpo a la Luna, que encuentra habitada por espíritus. Cuando Menipo decide volar hasta el Sol, los dioses, airados por su atrevimiento, le roban las alas.

Fue muy imitado durante el siglo XVI, por ejemplo por Erasmo de Rotterdam en sus Coloquios o por François Rabelais; en castellano lo fue por los hermanos Juan y Alfonso de Valdés, así como por Cristóbal de Villalón en El Crotalón. Ya en el siglo XVII, Miguel de Cervantes lo utiliza como modelo para su Coloquio de los perros y Francisco de Quevedo se inspira en él para componer sus Sueños. En el resto de Europa no fue su prestigio menor: le imitaron Swift y Voltaire, sobre todo.

Mención a Jesús

Habla de la fe cristiana que había en “el hombre crucificado de Palestina”.

Bibliografía

  • Obras, edición bilingüe de J. Alsina. Barcelona: Alma Mater, 2 vols., 1962 y 1966.
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