María

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María es el nombre usado por los Evangelios para referirse a la madre de Jesús de Nazaret. Para los cristianos católicos, ortodoxos, anglicanos y otros grupos cristianos orientales, son más usadas las expresiones “Santísima Virgen María”, “Virgen María” y “Madre de Dios”. En el Islam se usa el nombre árabe “Maryam”.

María es mencionada por su nombre por primera vez en el Evangelio según San Marcos, pero de forma tangencial. En el Evangelio según San Mateo (Mt. 1, 18-24) y en el Evangelio según San Lucas (Lc. 1, 26-38) se narra la concepción milagrosa de Jesús. En el Evangelio según San Juan (Jn. 2, 1-12), Jesús hace su primer milagro a pedido de ella, en Caná. Y en la cruz, la entrega como madre a San Juan (Jn. 19, 25-27) mismo. También se le menciona en los Hechos de los Apóstoles(Hch 1, 14).

Según la tradición de la Iglesia Católica, Ortodoxa y Anglicana los padres de María eran Joaquín y Ana. De este detalle hace mención también el Protoevangelio de Santiago que data del año 150 aproximadamente haciendo referencia a la vida de la Virgen María.

Los evangelios mencionan a María en el momento de la concepción de Jesús. Según la narración se puede apreciar que María en ese momento era prometida de José de Nazaret, quien era carpintero. Los relatos evangélicos se inician después de los desposorios de María con San José. El evangelio según san Lucas dedica dos capítulos a la concepción e infancia de Jesús. Es en Lucas también donde es llamada “muy favorecida”, “bendita entre todas las mujeres”, “madre del Señor”. El apelativo “muy favorecida”, frecuente en las traducciones protestantes, se traduce en las biblias católicas en general como “llena de gracia” (usando la traducción en latín “gratia plena” de la Vulgata). La Biblia de Jerusalén apunta en la glosa del evangelio según san Lucas 1,28 que este saludo en forma literal significa: “tú que has estado y sigues estando llena del favor divino”.

Alégrate… es el llamado gozoso que los profetas a la “hija de Sión” es decir a los “anawim” o pobres del Señor o sea esa comunidad de humildes que se mantenían a la espera del Salvador. Llena de gracia… la palabra usada en los evangelios significa en forma mas precisa; la amada y favorecida. Otros habían sido favorecidos y amados; pero aquí lo vemos como nombres propios de la Virgen María. Llamamos gracia al poder que tiene Dios para sanar nuestro espíritu, para infundir en él lo que conocemos como fe (creer). María es llena de gracia, y Jesús nació de ella (de la gracia) como nace del Padre.

María quedo conmovida al oír estas palabras… no se habla de miedo como en el caso de Zacarías (Lc. 1, 12) Una vez que el espíritu de María despertó era constante la presencia de Dios. Por ende, la decisión de María fue una sin titubeos. Concebirás en tu seno… tal como lo anunció el Profeta Isaías presentándonos al Emmanuel que quiere decir Dios-con-nosotros. María le puso por nombre Jesús que significa Salvador. Yo soy la seguidora del Señor, hágase en mí tal como has dicho… esta fue la marca o sello indeleble que quedo grabada en todo el ser de María para siempre. No es mucho lo que nos narra la Biblia sobre María. Esto es sin duda una huella de ese constante hacer y realizar la voluntad de Dios desde el silencio.

La Iglesia desde sus comienzos ha reconocido que María ocupa un lugar único en la obra de salvación. Al lado de Cristo el nuevo Adán, como nos dice San Pablo (Rm. 5, 4) (1Cor 15, 45) María es la verdadera madre de los hombres, que se contrapone a la Eva pecadora. Por eso la Iglesia reconoce en María como esa nueva Eva que intercede por nosotros como lo hizo un día en las Bodas de Cana. Hoy nos sigue diciendo “Hagan lo que el les diga” solo nos toca discernir como hemos de responde a esa llamada.

El mensaje del ángel no dejo a María aislada de su medio ambiente. La vida tenía que continuar su paso de día a día. María llega ante su prima Isabel a compartir su alegría y su secreto. María sabría cumplir con sus tareas de madre y esposa. Es cuido de su familia sería sin duda un asunto muy serio. El sello del compromiso con Dios había de reflejarse en todos los aspectos de su vida.

El cántico de María expresó ayer, expresa hoy y expresará mañana los sentimientos profundos del alma al mantener una aptitud orante. Hay un tiempo para la verdad, para descubrir en Dios nuestras responsabilidades. Hay un tiempo para implorar a Dios y servirle. Al final comprenderemos que todo es gracia de Dios, de ese Dios que busca lo que es pobre y marginado para el mundo, para colmarlo y exaltarlo.

En la cruz de Cristo contemplamos a María tan fiel como lo fue en el pesebre de Belén. Es desde la cruz que el mismo Jesús nos deja a María como madre. Aún en dolor podemos notar la devoción y fidelidad en María hacia su amado Hijo. Al igual que Juan un día la recibió en su casa, nos toca a los cristianos también recibirla en nuestra casa. Yo la recibo en mi casa o sea en mi corazón cuando asumo la fidelidad incondicional a Dios. Cuando cumplo la voluntad de Dios, recibo a María en mi casa porque se cumple en mí su exhortación de la Boda de Cana.

Aunque la figura de María ha estado presente en la Iglesia Anglicana desde sus inicios, en el año 2005 se produjo un acercamiento teológico profundo de la Iglesia Anglicana a la figura de María. Este acercamiento se expresó en un documento publicado por la ARCIC (Comisión Internacional Anglicano-Católica) llamado “María: Gracia y Esperanza en Cristo” publicada el 16 de mayo del año 2005 la cual es la primera declaración conjunta anglicano-católica sobre el papel de la Virgen María en la doctrina y la vida de la Iglesia. Aunque no es un texto declaratorio, se ofrece a la iglesias para su estudio y evaluación. Una de las conclusiones del documento es que “es imposible ser fieles a las Escrituras sin prestar la atención debida a María”.

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