Mateo

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Propósito

Se ha dicho que Mateo es por excelencia el evangelio de la iglesia.

Escrito para instruir acerca de Jesús al nuevo pueblo de Dios. Se ofrece ante el lector como un texto de estructura básicamente didáctica. Es evidente que Mateo está más interesado en recopilar y presentar en su obra el pensamiento de Jesús que en dotarla de un contenido puramente narrativo.

Teología

Consecuencia de este enfoque es que el evangelista haya transmitido un enriquecedor cuadro de la cristología de la iglesia primitiva, cuadro que puede resumirse en cuatro puntos fundamentales:

  • Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, es el Mesías esperado por el pueblo judío.
  • En Jesús, descendiente de David (1.6; 20.30–31; 21.9), se cumplen las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento.
  • El pueblo judío no llegó a comprender cabalmente la categoría espiritual ni la profundidad de la obra realizada por Jesús en obediencia perfecta a la voluntad de Dios.
  • El rechazo de Jesús, el Cristo, por parte del judaísmo palestino, proyectó el mensaje evangélico al mundo gentil, revelando de ese modo su sentido universal.

Características

Un rasgo característico de este primer evangelio es su continua referencia al Antiguo Testamento, con el objeto de demostrar que las Escrituras tienen su pleno cumplimiento en Jesús (1.22–23; 2.15,17–18,23; 4.14–16; 8.17; 12.17–21; 13.35; 21.4–5; 27.9–10).

Mateo, más que Marcos y Lucas, menciona con frecuencia citas de la Ley y los Profetas (5.17,18; 7.12; 11.13; 22.40) y también hace referencia a tradiciones y prácticas religiosas judías vigentes en la época (entre otros, 15.2; 23.5,16–23).

También nos presenta a Jesús como el intérprete infalible de las Escrituras. Él es el Maestro sin igual, que desde la verdad y la autenticidad descubre lo falso de ciertas actitudes humanas aparentemente piadosas, pero en realidad llenas de avidez por recibir el aplauso público (6.1).

Es especialmente interesante el trato que da al aspecto pedagógico de la actividad de Jesús.

Estructura

Mientras que Marcos y Lucas asocian las palabras de Jesús al momento concreto en que fueron pronunciadas, Mateo las escribe de modo ordenado. Las reúne en amplias unidades discursivas, se cree que fueron así compuestas con el objetivo de ayudar a los creyentes a aprenderlas de memoria (ya que la memorización era la herramienta de la que se valían fundamentalmente los judíos para retener la palabra de Dios).

Estos sermones o discursos aparecen en el evangelio precedidos y seguidos por determinadas fórmulas literarias que sirven de marco (5.1–2 y 7.28).

El tema predominante en la predicación del Señor es el reino de Dios, generalmente designado en este evangelio como “reino de los cielos” y contemplado en su doble realidad presente y futura, “el ya, pero todavía no”.

La proclamación de la proximidad del reino es también el anuncio que Jesús encarga a sus discípulos (10.7), a quienes, después de resucitado, les prometerá su presencia permanente en medio de ellos: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (28.20).

Mateo escribe su obra siguiendo, en líneas generales, el esquema de Marcos, aun cuando a cada paso pone su sello personal en los textos que redacta. En cuanto a los materiales narrativos utilizados, si bien muchos son comunes a Marcos y sobre todo a Lucas, hay alrededor de una cuarta parte que aporta Mateo de manera exclusiva, que sugieren la influencia de los escritos de Qumrán y otras tradiciones orales.(5)

Los relatos de Mateo son más concisos que los de Marcos, son de un estilo severo y pulcro, y mantienen cierto tono ceremonial que induce a pensar en un escritor de formación rabínica. A ello contribuye la presencia en el texto de muchos elementos literarios que son típicamente hebreos.

Redacción y composición

Este evangelio, como todos los libros del Nuevo Testamento, ha llegado a nosotros en lengua griega. Desde los primeros siglos de la vida de la iglesia, se viene discutiendo la posibilidad de que hubiera sido redactado inicialmente en arameo y traducido más tarde al griego; pero no hay constancia histórica alguna de que esto haya sido así.

Lo cierto es que el texto griego de Mt. es el único que se conoce. Respecto al lugar y tiempo de composición del evangelio, no es posible fijarlos con exactitud.

Muchos piensan que pudo haber sido escrito en tierras de Siria, quizás en Antioquía, después de que los ejércitos romanos destruyeran Jerusalén en el año 70.

Las Bienaventuranzas

Las bienaventuranzas constituyen una unidad en si mismas, son una pieza cerrada, compuesta cuidadosamente, podría decirse que su estructura tan sumamente equilibrada hacen de ellas uno de los textos más artísticos del Nuevo Testamento Las bienaventuranzas se escriben siguiendo un esquema tripartito fijo, es decir, contienen :

a) Una bendición ( “bienaventurados”)

b) Un sujeto (“los”)

c) Una oración causal (“porque”).

La primera y la última aparecen enmarcadas por la misma expresión: “porque de ellos es el reino de los cielos”, siendo estas las más largas, reforzando la importancia que como hemos dicho en el punto anterior, se le da al tema del reino de los cielos.

Las primeras ocho bienaventuranzas se presentan como dos estrofas de cuatro, de igual extensión, la última es más extensa que las anteriores y posee una promesa en segunda persona del plural, estos dos últimos versículos podrían considerarse más bien como un anexo explicatorio que aplica lo dicho a los oyentes y permite una transición a la siguiente perícopa (“…vosotros sois la luz…”Mt.5.13-16).

A las bienaventuranzas se las suele conocer según su forma literaria con la expresión “macarismo” (del griego makarios). Se pueden encontrar estos macarismos en multitud de obras literarias antiguas del A.T (Sal 1.1; cf. Sal 32.1–2; Pr 8.32, 34; Is 56.2), textos judíos, griegos, y otros textos del N.T ( Mt.11.6; 13.16; 16.17; 24.26; Lc. 1.45; 7.23; Jn.13.17; 20.29; Rom.4.7-8;… y siete de ellas en el Apocalipsis Ap.1-3).

La palabra bienaventurado, significa dichoso, feliz ( si enfatizamos el sentimiento subjetivo) o bendecido, digno de ser felicitado ( si resaltamos la actividad Divina).

Varias de las bienaventuranzas en este pasaje son paradojas: es decir, afirmaciones que parecen contradecir el sentido común, pero que aquí expresan los verdaderos valores del reino de Dios. Sin embargo como dice uno de los comentarios bíblicos que he consultado:

“Ni la palabra bienaventurados ni “felices” traducen adecuadamente ,´makarios´ que viene a ser, más bien, un término de felicitación o recomendación. Estas cualidades deben ser envidiadas e imitadas; son las que componen <la buena vida>”(6)

El texto podríamos decir cumple por tanto una función pragmática, suscitar gozo y alegría en medio de una situación que según los valores de la sociedad no serían de ninguna forma motivo de la más mínima alegría.

En este contexto, el macarismo como forma literaria en el sermón del monte manifiesta los valores y conceptos morales de felicidad que conforman una sociedad o comunidad religiosa.

Haciendo que el individuo que acepte tal macarismo entre a formar parte de ella, y en sentido contrario el que lo rechaza se auto excluye del grupo de bienaventurados. Se le concede pues a las bienaventuranzas “un valor sociológico al convertirse en “marca” de identidad y de delimitación social”(7)

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