Proceso de formación del canon del Nuevo Testamento

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La formación del canon del Nuevo Testamento, es un proceso interesante ya que el cristianismo, en sus etapas iniciales, consideró al AT como su única Biblia.

Jesús, lo mismo que sus discípulos y apóstoles y que el resto del pueblo judío, lo citó como “las Escrituras”, “la Ley” o “la Ley y los Profetas” ( Mc 12.24; Mt 12.5; Lc 16.16).

Como ya hemos dicho desde el comienzo del ministerio de Jesús vemos como constantemente interpreta el canon hebreo para mostrar que la Escritura es la base, fuente y fundamento de su persona (como el Mesías prometido),su obra y su mensaje, “para que se cumplan las Escrituras” Mc.14:49.

Tanto la vida de Cristo, su muerte y resurrección, como los acontecimientos y persecuciones que ocurrirían a los primeros cristianos ya estaban escritos desde la antigüedad en la “ley y los profetas”. Por ello el AT adquirió un valor crucial para los primeros cristianos. El NT da sentido y explicación a los misterios encerrados en el AT gracias a un principio de interpretación llamado “presencia real” de Cristo en el canon del AT, por ello el NT está lleno de paralelismos, imágenes, figuras y tipos del AT que dan testimonio de Jesús.

Con el paso del tiempo, la iglesia, produjo muchos escritos acerca de la vida y la obra de Cristo, fijó y transmitió su doctrina y extendió el mensaje evangélico a regiones cada vez más alejadas de Palestina. Las palabras y hechos de Jesús se transmitieron de forma oral partiendo de los testigos originales. Pero tanto el crecimiento de la iglesia como la muerte de éstos testigos presenciales hicieron cada vez más necesaria la redacción por escrito de los evangelios.

A finales del siglo uno se conocen fragmentos y perícopas que recogen algunos discursos o hechos de Jesús que eran leídos en el culto cristiano primitivo.

Seguramente a principios del s.II ya se usaba un códice de los evangelios usado por las iglesias. A éstos se les sumaron las cartas de Pablo y el libro de Hechos, formando así el núcleo del canon del NT. Más tarde se unieron las cartas católicas (algunas de las cuales pasaron un tiempo de controversia y de duda en cuanto a su valor canónico) y Apocalipsis.

De entre esos escritos fue destacándose paulatinamente un grupo de veintisiete, que hacia finales del s. II comenzó a conocerse como Nuevo Testamento. Eran textos redactados en lengua griega, desiguales tanto en extensión como en carácter y género literario, pero todos fueron considerados con una especial reverencia como procedentes de los apóstoles de Jesús o de personas muy cercanas a ellos.

Ahora bien, los manuscritos que conocemos no son autógrafos: ninguno proviene de la mano del propio autor. Todos, sin excepción, son copias de copias de los textos originales griegos o de traducciones a otros idiomas. Las hicieron, en lugares muy diversos y a lo largo de siglos, copistas especializados, pacientemente consagrados a esa labor durante muchos años.

Las copias más antiguas hasta ahora conocidas son papiros que datan del s. III, procedentes de Egipto.

El papiro es un arbusto muy abundante a orillas del Nilo. De su tallo, cortado y prensado, se preparaban láminas rectangulares, que se unían formando bandas de unos 30 centímetros de ancho y varios metros de longitud. Una vez escritas, las bandas se enrollaban con el texto hacia adentro y se ataban con cuerdas. Los rollos de papiro eran de fácil fabricación; pero su manejo resultaba incómodo. Además, tanto la humedad como el calor seco dañaban el material e impedían su prolongada duración. Por eso, en sustitución del papiro, entre los s. II y IV se extendió el uso del pergamino, que era una lámina de piel de oveja o cordero especialmente curtida para poder escribir en ella. Este nuevo material, bastante más costoso que el anterior pero muy resistente y duradero, permitió, primero, la preparación de cuadernos y, luego, la de códices, esto es, libros en la forma en que los conocemos actualmente. Entre los diversos códices de la Biblia descubiertos hasta el día de hoy, los más antiguos y, a la vez, más completos son los llamados Sinaítico y Vaticano, ambos datados en el s. IV.

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