Bautismo

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La palabra bautismo procede de la palabra griega bapto, que significa ser sumergido, lavado o purificado.

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El Bautismo antes de Cristo

En muchas religiones la abluciones y los baños sagrados han sido frecuentes a lo largo de la historia. Como símbolo de purificación o de nacimiento a una nueva vida. Los ritos de agua se usaron en Egipto, en Babilonia y en otras religiones mistéricas. El rito de inmersión en los ríos significa borrar impurezas morales o rituales.

Dentro del judaismo ya en el Antiguo Testamento la inmersión se practicaba para la purificación legal. Los esenios practicaban esta purificación, para ellos moral, como han podido demostrar sus piscinas rituales en Qumran.

Hay que tener en cuenta el significado del agua en otras culturas y en la Biblia, donde siempre aparece relacionada con la vida, la limpieza, la pureza y la purificación, la renovación de la vida y el renacer, la desaparación de la vida pasada (suciedad) y el surgimiento de la nueva. Tal es el sentido en el cristianismo, en el que el bautismo por inmersión significa a la vez la muerte a la antigua vida de pecado y el renacer a una vida nueva, así como la purificación del pecado original.

Juan el Bautista

El bautismo predicado por Juan el Bautista implicaba la conversión moral de cara al reino de Dios que se acercaba. Jesús fue bautizado por el Bautista en el río Jordán. Posteriormente, Jesús mismo en sus enseñanzas envia a sus discipulos a bautizar a todas las gentes “en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Bautismo cristiano

En Israel, el bautismo o inmersión en el agua cómo el que Juan administraba a sus seguidores, representaba para los que se consideraban pecadores, una purificación; sin embargo, el bautismo en el nombre de Jesús tiene para sus discípulos un profundo sentido, ya que representa una muerte y una resurrección simbólicas que abren el camino a la reconciliación con Dios, al Nuevo Pacto celebrado con él mediante Cristo, y a la justificación. Por este motivo el apóstol Pablo, comparándolo con la circuncisión practicada por los judíos, acceso material al Pacto celebrado mediante Moisés, llamaba al bautismo la circuncisión del Cristo, y escribe: “…vosotros participáis de su perfección al haber sido circuncidados en él, no por medio de una circuncisión que os priva de una parte del cuerpo y que se hace con las manos, si no con la circuncisión del Cristo, o sea, siendo sepultados con él mediante el bautismo, y resurgiendo con él, mediante la fe en el poder del Dios que lo ha resucitado de entre los muertos”. (Colosenses 2:10..12) El bautismo en el nombre de Jesús permite pues a quienes lo reciben, unirse simbólicamente a él en su muerte, para renacer a la vida nueva que Dios otorga; en armonía con esto, Pablo dice: “¿No sabéis que todos nosotros, al ser bautizados en Jesús Cristo, fuimos bautizados en su muerte? Entonces fuimos sepultados en su muerte mediante el bautismo, para que de la misma manera que Cristo fue resucitado de entre los muertos por su glorioso Padre, también nosotros seamos trasplantados a una vida nueva”. (Romanos 6:3..4)

2 De hecho, la base para que Dios considere libres del pecado heredado, y por tanto de la condena que este ocasiona, a los que mediante el bautismo se unen por fe a Jesús en su muerte, es la redención proporcionada a la humanidad mediante su rescate. Y gracias a él, cuando los discípulos resurgen del agua tras morir simbólicamente al ser sumergidos, ya no son considerados por Dios cómo descendencia de Adán, si no cómo renacidos mediante su espíritu; y por la fe que muestran en Cristo, les atribuye una rectitud que les abre las puertas a la vida sin muerte. Porque cómo dice Pablo, si “…la retribución por el pecado es la muerte…”, (Romanos 6:23) “…aquel que muere satisface la exigencia legal por el pecado…” (Romanos 6:7) y “…gracias al bautismo, hemos nacido de nuevo regenerados por el espíritu santo, que él (Dios) ha derramado abundantemente sobre nosotros por medio de nuestro salvador Jesús Cristo. Justificados entonces gracias a su generoso don, hemos llegado a ser herederos, en armonía con la esperanza de una vida perdurable”. (Tito 3:5..7) Porque “…si se nos ha unido a él en la semejanza de su muerte, es seguro que lo estamos también en la semejanza de su resurrección…” porque mediante el bautismo hemos “muerto junto con Cristo”, y “también viviremos junto con él”. (Romanos 6:5..8)

En el cristianismo el bautismo es el primer sacramento, que según las distintas doctrinas se puede practicar de tres formas: Bautismo por aspersión, Bautismo por infusión y Bautismo por inmersión.

En la Iglesia Ortodoxa (o Iglesia de Oriente) se utilizó la “inmersión”, primero total y después parcial.

En la doctrina Protestante se practican distinas fórmulas: aspersión (luteranismo, por ejemplo) o inmersión (bautistas).

EL bautismo en la Iglesia primitiva del s.I

Se contempla como rito de iniciación cristiana.

Tras el Concilio de Jerusalén donde se abolió la ceremonia judía de la circuncisión obligatoria como paso inicial para ser admitido en la comunidad de la Iglesia se consideró el bautismo como única condición visible de dicha admisión y se llevaba a cabo según la formula que dejó Jesús a los apóstoles: ” En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo”, siendo la manera de administrarlo por inmersión a ser posible en “aguas vivas” siendo permitido el rociamiento o aspersión en caso de que la inmersión fuese impracticable (forma a juzgar por las pinturas hechas en frescos era bastante habitual) como nos dirá la Didaché en el documento “Padres Apostólicos” .

Según Latourette refiriendose a las afirmaciones de Justino Martir, hay constancia de que en algunas ciudades de Asia Menor (entre ellas Éfeso), en que era costumbre que despés de ser bautizado (acto que denomina como “iluminación”) el nuevo creyente es llevado a la congregación para orar por él, y a su vez interceder a favor de la propia congregación y todos los demás creyentes en todo lugar. Después de la oración se saludan siguiendo el consejo de Pablo sobre la costumbre del saludo con ósculo.

Existe entonces un solo bautismo para los seguidores de Jesús, el que sus apóstoles y discípulos administraban en su nombre. Juan dice: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque en el nombre de Jesús se os han perdonado los pecados”; (1Juan 2:12) y Lucas relata que Pedro, exhortando a quienes le preguntaban lo que debían hacer para alcanzar la salvación, decía: “Convertíos, y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesús Cristo, para el perdón de vuestros pecados…”; (Hechos 2:38) dando también mandato a los discípulos, de que quienes aceptasen a Jesús, fuesen “bautizados en el nombre de Jesús Cristo”. (Hechos 10:48)

Aún así, y en contraste con las palabras de Pedro, de Pablo, de Lucas y de Juan, en las versiones del evangelio de Mateo que han llegado hasta nosotros, se menciona un bautismo en el nombre ‘del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo’. Algunos traductores reconocen explícitamente que esta expresión no está en armonía con las Escrituras, donde solo se habla del bautismo en el nombre de Jesús, y por esto, en una de las versiones de la Biblia de Jerusalén, encontramos una nota que copiamos en parte, y que dice: ‘Es posible que esta fórmula se resienta en su precisión del uso litúrgico establecido más tarde en la comunidad primitiva. Es sabido que los Hechos hablan de bautizar ‘en el nombre de Jesús’. Más tarde se habrá hecho explícita la vinculación del bautizado con las tres personas de la Trinidad…’ Con esta enmienda se admite, aunque con cautela, que estas palabras responden a una temprana interpolación en el texto. Lo más probable es que este versículo simplemente dijese: “Poreuthentes mathêteusate panta ta ethnê en to onomati mou”, o sea: ”Id y haced discípulos de todas las naciones en el nombre mío”, (Mateo 28:19) ya que así es cómo lo cita Eusebio de Cesárea (263,339) a finales del tercer siglo, en su Historia Eclesiástica, Libro III, capítulo 5:2.

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