Categoría:Bibliología

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Es el estudio del origen de la Biblia, es decir, estudia los conceptos, importancia y repercusiones de la Revelación de Dios, la Inspiración y el Canon de las Sagradas Escrituras.

Es importante estudiar el origen y formación de la Biblia ya que según el concepto de Canon, éste nos ha sido dado de forma progresiva.

Dios no reveló todo su mensaje en un primer momento, sino que fue ampliando la transmisión de la verdad de su plan al hombre gradualmente, como respuesta a un propósito redentor de la humanidad, y no por satisfacer un deseo de «saber» o responder a la «curiosidad» sin más de los hombres.

Dios se revela de distintas formas, en distintos momentos y con un propósito de salvación, permitiendo que parte de esta revelación quedase registrada en la Escritura para que su mensaje se transmitiese fielmente a todas las generaciones a lo largo de la historia.

Para ello el Espíritu Santo de Dios (como agente divino) inspiró a personas elegidas por Él su mensaje, que transmitieron con precisión, ya sea oralmente o por escrito.

La inspiración verbal, es poco probable debido a los distintos estilos literarios que se observan en las Escrituras, en los que se evidencia más bien que Dios reveló un mensaje a personas, que éstas lo entendieron con exactitud y que el Espíritu Santo los inspiró, garantizando así una transmisión precisa aunque con sus propias palabras y expresiones, por y tanto podemos decir que el mensaje registrado en la Escritura es palabra de Dios y fuente de autoridad divina.

Estos escritos inspirados se fueron recopilando a lo largo de la historia del pueblo judío constituyendo el canon de las escrituras. Formándose así una colección de escritos autoritativos cuyo contenido era preceptivo para el pueblo de Dios, en un principio judío, y más tarde cristiano.

Las versiones auntiguas del Antiguo Testamento, son las traducciones más relevantes que se conservan, datan de los s.III a.C al V d.C, entre ellas encontramos:

  • el Pentateuco samaritano
  • los tárgumes arameos (el más importante es el Tárgum de Onquelos )
  • La Septuaginta LXX
  • otras versiones griegas
  • la Peshita (versión siríaca)
  • la Vulgata (y otras versiones latinas)
  • otras versiones en copto (Egipto)

Una de las primeras y principales referencias que tenemos del canon griego es la «La Septuaginta LXX»

Dentro del cristianismo oriental fueron muchos los que confeccionaron distintos listados del canon del Antiguo Testamento, entre ellos se destacan:

  • el listado de Justino Mártir (basado en la leyenda de la Septuaginta en la «Carta de Aristeo»)
  • el de Melitón de Sardes (que denominó como «los libros del antiguo testamento»)
  • la lista bilingüe del tiempo de Melitón
  • la de Orígenes en el s.II (con su colección la «Hexapla» edición del Antiguo Testamento en hebreo y varias versiones griegas, usó también la versión ampliada y otros textos pseudo epigráficos que citó como inspirados, por lo que fue cuestionado por Julio Africano)
  • la de Atanasio (que usa la palabra canon, según su sentido actual, señalando aquellos escritos que se consideraban apócrifos, no inspirados, fuera del canon, aunque reconoce un cierto valor instructivo en su lectura)
  • la de los cánones de Laodicea en el s.IV, la de Teodoro de Mopsuestia
  • la de otros padres de la iglesia de origen griego a final del s.IV.

En líneas generales se acepta por la mayoría de teólogos conservadores la lista de Atanasio, concediendo a la versión ampliada de la Septuaginta un valor relativo, en el que a los añadidos en comparación con la Septuaginta tienen un nivel de autoridad inferior.

Dentro del cristianismo occidental latino, es a final del s.II en la provincia romana de África donde empieza a traducirse la Biblia al latín.

En un primer momento a partir de la Septuaginta ampliada (usada por Tertuliano y otros padres latinos de la época,Tertuliano admitió en el canon libros apócrifos y los Oráculos sibilinos como profecía divina), con la traducción latina no había forma de saber que textos estaban en el hebreo y cuales no. Posteriormente en el s.IV Jerónimo hizo una traducción directa del canon original en hebreo al latín (lo que se conocería como la «Vulgata» o «edición popular»), Jerónimo consideró, al igual que Atanasio, algunos libros como apócrifos, de los que vio algunos como de lectura recomendada (aunque no para formular doctrina), y otros los cita como peligrosos por inducir a error.

Agustín fue obispo de Hipona en Africa del Norte, era un poco más joven que Jerónimo, mantuvo una relación cordial con éste, pero pensaba que tanto la versión hebrea como la Septuaginta gozaban de la misma autoridad ya que ambas eran inspiradas por Dios. Siguiendo la línea de Agustín se celebraron varios concilios en Cartago en los que se discutió la inclusión de los apócrifos, según el «decreto de gelasiano» se dictó una lista que contenía los mismos libros que en la Vulgata, con los apócrifos intercalados con el resto de libros del canon.

A principios de la Edad Media resurgió el interés por el estudio de la Biblia, reabriéndose el debate sobre los grados de canonicidad de los libros del Antiguo Testamento. Para los seguidores de Jerónimo más interesados en el sentido literal de la Escritura se volcaron en el estudio a partir del canon hebreo. Sin embargo para los que se inclinaban por el sentido espiritual, les era irrelevante el hecho de que los textos perteneciesen a libros de primer o segundo orden de canonicidad, ya que su lectura se consideraba de provecho, por ello Wyclif en su traducción inglesa de la Biblia no dudó en intercalar los apócrifos en su versión de la Vulgata. Con la reforma en el s.XVI surge la discusión con más fuerza. Lutero abordó el tema en la discusión con Eck, en cuanto a la » sola Escritura».

Zwinglio siguiendo una posición más cercana a la de Lutero publicó los apócrificos como un volumen aparte de la Biblia alemana, también la Biblia inglesa de Coverdale se editó con un los textos apócrifos colocados independientemente.

Erasmo defendió una postura humanista, basándose en textos apócrifos, postura que siguió también Calvino. En el Concilio de Trento con la contrarreforma se decretó la igualdad de rango autoritativo tanto de los libros considerados por Jerónimo como «verdad hebrea» y los de recomendada lectura solo para edificación y no para doctrina.

Así pues se editaron varias versiones que contuviesen todos los textos. Este decreto fue ratificado por el Concilio Vaticano Primenero s.XIX, denominando a los libros apócrificos como deuterocanónicos. En la época de la reina Isabel de Inglaterra, los protestantes editaron la Biblia de Ginebra (no contenía los apócrifos) y la de los Obispos (los contenía bajo otro titulo pero sin ninguna diferenciación clara de autoridad). Ésta última dio paso a la edición de la «Versión Autorizada del Rey Jaime (King James)»que incluía los apócrifos de forma natural.

Más tarde los teólogos de Westminster declararon como no inspirados a los apócrifos y por tanto los excluyeron de sus Biblias. La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera surge en el s.XIX con el propósito de difundir y traducir las Escrituras. En su primera etapa incluyó también los apócrifos en ediciones como la Biblia de Mary Jones pero pronto todas las copias de la Biblia de King James que distribuía la Sociedad Bíblica en Gran Bretaña y América no contenían los apócrifos. El Arzobispo de Canterbury la llamó «Biblia mutilada». Las ediciones católicas como la Biblia de Jerusalén sí introducen los apócrifos, tratándolos al mismo nivel que el resto de libros del Antiguo Testamento.

4. Relación de libros canónicos del Antiguo y Nuevo Testamento.En el Antiguo Testamento, se refieren a éstos como Ley, Profetas y Escritos (Lc 24.44), términos representativos de cada uno de los bloques en que, para el judaísmo, se divide el texto bíblico trasmitido en lengua hebrea:(a) Ley (heb. torah), que comprende los cinco primeros libros de la Biblia: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio(b) Profetas (heb. nebiim), agrupados en:Profetas anteriores: Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 ReyesProfetas posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías(c) Escritos (heb. ketubim): Job, Salmos, Proverbios, Rut, Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Esdras, Nehemías, 1 y 2 CrónicasEn el Nuevo Testamento encontramos:(a) Literatura histórico-narrativa: Evangelios: (Mateo, Marcos, Lucas, Juan) y Hechos de los Apóstoles(b) Literatura epistolar: Epístolas paulinas: (Romanos, 1 y 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito, Filemón), Epístola a los Hebreos y Epístolas universales: (Santiago, 1 y 2 Pedro, 1,2 y 3 Juan, Judas)(c) Literatura apocalíptica: Apocalipsis (o Revelación) de San Juan5. Valor de los libros apócrifos o libros Deuterocanónicos.Debido a que al hablar de canon en la pregunta número 1 he tocado este tema, ahora sólo me limitaré a dar mi opinión personal. Si bien algunas iglesias protestantes consideraron los apócrifos como lectura edificante (la Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, continúa incluyéndolos en su leccionario «para ejemplo de vida pero no para establecer doctrina alguna”), todas concordaban en que, estrictamente hablando, el canon del Antiguo Testamento consistía solamente en los libros de la Biblia hebrea, o sea los libros aceptados por los judíos y avalados por la enseñanza del Nuevo Testamento. Creo que toda la literatura puede aportar un beneficio de mayor o menor grado para la vida del lector, ya sea sacra o no, pero sólo los libros inspirados tienen autoridad divina. Personalmente no veo nada malo en leer tales escritos pero nunca pueden pretender formar parte de las Escrituras ni siquiera pretendiendo ser considerados con un rango «deuterocanónico”, para mi tienen igual valor que cualquier otro libro de historia o poesía contemporáneo.

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