Himno Cristológico de Hebreos

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Autora: Pepi Vicente

Tabla de contenidos

Consideraciones generales al libro de Hebreos

Este libro puede considerarse como el mayor tratado sistemático de cristología sacerdotal de todo el NT.

Tradicionalmente se le ha llamado Epístola a los Hebreos, sin embargo, su estilo y forma no corresponde al género epistolar: no hay presentación del autor, no aparece destinatario y solamente en la conclusión menciona a Timoteo antes de incluir unos rápidos saludos (13.23–25).

El autor demuestra ser un experto conocedor del AT, cuyo texto cita siempre de la traducción griega de la Septuaginta o Versión de los Setenta (LXX). Su dominio de este idioma le permitió redactar, alrededor quizá del año 70, este documento que es sin duda, el documento estilísticamente más depurado de todo el NT.

El discurso teológico de Hebreos se desarrolla a través de una constante interpretación del sentido del AT a la luz de la persona y la obra de Jesús. En Cristo, Dios culmina la revelación, que ya antes había iniciado al hablar «de muchas maneras a los padres por los profetas” (1.1).

Enfatiza también el carácter único de Jesús, el Hijo de Dios, y su categoría superior a cualquier otra (1.2–4): ya sea de los ángeles (1.4–2.18), de Moisés (3.1–4.13) o del sacerdocio levítico (4.14–7.28). Solamente Jesús es el «gran sumo sacerdote que traspasó los cielos” (4.14) y que por medio de su sangre nos abrió un «camino nuevo y vivo… para entrar en el Lugar santísimo” (10.19–20).

Frente a la ley de Moisés y al culto del Antiguo pacto, con su complicado ceremonial y sus sacrificios, Cristo entrega su propio cuerpo como ofrenda «una vez para siempre” (9.26–28; 10.10, 14). De este modo se constituye «fiador” (7.22), es decir, se da «como prenda” y garantía de un pacto nuevo y definitivo.

Casi toda la carta está dedicada a describir el sistema cúltico y la institución sacerdotal de Israel. Señala sus limitaciones y su «caducidad” (7.18–19, 23, 27–28; 8.13; 9.9–12; 10.1), confrontándolo con la persona de Jesús, cuya muerte profética es «para quitar de en medio el pecado”.

El sacerdocio levítico, las ofrendas y sacrificios rituales prescritos por la ley mosaica alcanzan su sentido completo en Jesús.Jesucristo es el Sumo sacerdote perfecto, a quien Dios constituyó, no «conforme a la ley… meramente humana, sino según el poder de una vida indestructible,… sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (7.16–17). Cristo es el único que «con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (10.14).

Exégesis de Hebreos 1:1- 4

Partiendo pues de la premisa de que la «epístola a los hebreos” no debe ser considerada como una epístola, puesto que no se acerca en absoluto al género literario epistolar, se comprende mucho mejor el hecho de que el texto entre directamente en materia.

Omite saludos y referencias concretas en sus primeros versículos porque no pertenece al mismo género literario que los textos de Pablo, Pedro o Juan donde, comúnmente, encontramos referencias específicas al escritor de la epístola, a su destinatario y saludos personales y a la comunidad.

A pesar de que no hay un acuerdo definitivo, podemos leer este texto como un escrito pastoral donde el autor exhorta a una comunidad o comunidades concretas hacia el seguimiento del perfecto sumo sacerdote: Jesucristo.

Siendo así, toma sentido el abrupto principio que el autor da a su escrito, adentrándose desde la primera palabra en el contraste entre el antiguo pacto, referenciado en el sistema levítico de sacrificios, y el nuevo, mejor y definitivo pacto sellado en Jesús.

Veamos el contraste que el autor esboza ya en los primeros dos versículos cuando compara como «Dios ha hablado” en el antiguo pacto y como habla ahora en el nuevo :

En otro tiempo, por los profetas… Ahora por el Hijo.Entonces a los padres… Ahora a nosotros.Antes, muchas veces y de muchas maneras… Ahora de forma definitiva y plena ya que son los postreros días.

Esta diferencia en la forma de revelación, en los destinatarios de la revelación y en la profundidad de la revelación, nos muestra claramente como la revelación de Dios es progresiva.

Empezó en el pacto antiguo para progresar, crecer, profundizarse en el nuevo. Es necesario remarcar en este punto, que la revelación no es diferente en cuanto el Dios que se revela es el mismo.

Las dos etapas referidas de la revelación no van de lo menos verdadero a lo más verdadero, ni de lo menos maduro a lo más maduro. La idea de Dios en los hombres puede evolucionar pero eso no debe confundirse con la evolución de la revelación de Dios.

Ésta progresión va de la promesa al cumplimiento, tal y como encontramos explicado en diversos textos neotestamentarios: Los hombre de fe y los profetas no experimentaron el cumplimiento de las promesas divinas que habían creído en el decurso de su vida porque éstas eran para nosotros (He. 11:39-40; 1 Pe. 1:10-12).

Sin embargo, al mismo tiempo que el antiguo pacto queda separado del nuevo en cuanto al tipo, modo y plenitud de la revelación, ambos quedan unidos indisolublemente en el hecho de que «Dios ha hablado”.

Ambos pertenecen al mismo proyecto de Dios de revelarse a los hombres y se explican mutuamente por su interrelación de significado.

El antiguo pacto es la promesa de la venida del Hijo, el nuevo es el cumplimiento de dicha promesa. Hay pues un vínculo de unidad-diversidad entre los dos pactos. Este queda perfectamente expresado en un dicho popular:

El nuevo está en el antiguo escondido, El antiguo queda por el nuevo revelado .

«Muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo (…) en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo».

La clave de interpretación de la plenitud de la revelación de Dios es el Hijo. En el pacto antiguo, Dios se reveló a los hombres en múltiples ocasiones y de maneras muy diversas: Habló a Moisés en la tormento y el trueno (Ex. 19:19), a Elías en un silbo apacible (1 Re. 19:12), a Daniel en visión de noche (Dn. 2:19), etc. Sin embargo, todas estas revelaciones respondían a propósitos concretos y Dios permitió que éstos y otros hombres entraran al conocimiento de la revelación que vendría en Jesús.

Estas revelaciones en las épocas anteriores a la venida de Cristo «no añadían a la plenitud de lo que Dios tenía que decir.

Su palabra no fue completamente pronunciada hasta que vino Cristo, pero cuando Cristo vino, la palabra hablada en él fue, por cierto, la palabra final de Dios. En él todas las promesas de Dios se encuentran en la respuesta «¡Sí!” que sella su cumplimiento a su pueblo y evoca de parte de ellos un respuesta «¡Amén!”. La historia de la revelación divina es una historia de progresión hasta Cristo, pero no hay progresión después de él” .

En palabras de Juan Calvino, «La diversidad de visiones y medios usados en el Antiguo Testamento indica que existía un estado de cosas no definitivo. Pero cuando habla de los ‘postreros tiempos’ insinúa que ya no hay razón para esperar una nueva revelación, porque lo que Cristo trajo no fue algo eventual sino definitivo” .

A partir de 2b y hasta el final del versículo 3, encontramos siete referencias a Cristo.

Estos siete elementos nos hablan básicamente de la segunda persona de la Trinidad, y forman la parte esencial del himno cristológico de He. 1:1-4. En las afirmaciones que el autor hace hallamos paralelos continuos y muy cercanos a otros himnos cristológicos como Fil. 2:6-11, Col. 1:15-19 o Juan 1:1-14.

Aunque no todos los autores dividen estos versículos de Hebreos de la misma forma, la mayoría coinciden en atribuir a 2b-3 una unidad de sentido en cuanto a descripción de lo que Dios ha hecho en la segunda persona de la Trinidad, es decir, en Jesucristo.

Analicemos pues, con mayor detalle, estos siete enunciados cristológicos expresados en el texto:

«A quien constituyó heredero de todo”

Este primer enunciado cristológico es muy rico en significado. Toda la Escritura se hace eco del hecho de que Dios ha constituido heredero de todo al Hijo. Una de las referencias más evidentes la hallamos en el Salmo 2.

Es obvio que el autor de hebreos tiene este Salmo en su mente al escribir puesto que el versículo 5 del mismo capítulo reseña las palabras del salmista. El oráculo en los Salmos habla de aquel que el Ungido de Dios e Hijo al mismo tiempo. Este Hijo es el único heredero de todas las cosas ya que es el único Hijo.

«Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: ‘Mi hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones y como posesión tuya los confines de la tierra (…) Honrad al Hijo”

Resulta muy interesante que la segunda persona de la Trinidad recibe el título de «heredero de todo” en cuanto a Hijo. La palabra «heredero” es atribuida a Cristo en su encarnación.

Dios, en el principio, había constituido al hombre su hijo y heredero de todo lo bueno, mas por causa del pecado el hombre quedó separado de Dios y fue despojado de todos sus privilegios. Dios se encarna en Jesús y, habiéndose hecho hombre, toma sobre sí nuestra naturaleza. Así recibe nuestra herencia para devolvernos aquello que habíamos perdido.

Cristo pues, heredero de todo nos admite en comunión con Él y podemos de nuevo disfrutar de la Herencia por medio de su Obra. Él es el Heredero de todo y sólo a través de Él podemos ser partícipes de sus riquezas, las que por derecho le han sido otorgadas al Hijo

«Por quien asimismo hizo el universo”

No cabe duda alguna que este enunciado está apuntando hacia la creación del mundo en Génesis 1.

La afirmación aquí registrada afirma que el Hijo es Co-autor del universo y conlleva su divinidad puesto que, el acto creativo original, es incomunicablemente divino. Esta rotunda aseveración encuentra varios paralelos destacables en otros himnos cristológicos:

«Todas las cosas por medio de él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. ”

«Porque en él fueron creadas todas las cosas (…) todo fue creado por medio de él y para él. ”

«Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. ”

En todos estos pasajes, incluido el que estamos tratando en hebreos, podemos encontrar el lenguaje de un himno cristiano primitivo o confesión de fe en que Cristo, como el Verbo o la Sabiduría de Dios, es reconocido como el agente del Padre en la obra de la creación.

Esta concepción de Cristo proviene de pasajes del Antiguo Testamento tales como Proverbios 8:22ss, donde la Sabiduría divina está personificada y definida como compañera y asesora del Todopoderoso en el principio, cuando creó los cielos y la tierra.

«Jehová me poseía en el principio, ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve la primacía, desde el principio, antes de la tierra (…) cuando formaba los cielos, allí estaba yo (…) cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo. ”

La palabra griega que el autor usa y que, en español, es traducida por universo, es ‘edades’. El sentido que tiene esta expresión no puede limitarse a la traducción ‘edades’ e, incluso ‘universo’ no abarca todo lo que edades o universo denota.

El autor quiere significar todo el universo creado, en espacio y tiempo. Todo lo hecho pertenece al Hijo: nuestro pasado, nuestro presente y también el futuro; lo que fue, lo que es y lo que será.

«Siendo el resplandor de su gloria”

Esta idea del ‘resplandor de su gloria’ era una imagen muy presente en la concepción judía de Dios. La tradición rabínica y el libro de la Sabiduría recogían múltiples escritos que identificaban esta imagen:

«…un hálito del poder de Dios, Una emanación pura de la gloria del Omnipotente; …un reflejo de la luz eterna, Un espejo sin mancha de la actividad de Dios, Una imagen de su bondad. ”

La palabra griega para resplandor significa el brillo que irradia la fuente de luz. Este vocablo podía tomarse en dos sentidos: por un lado, en sentido activo, como ‘efulgencia’ o ‘radiación’. Por el otro, en sentido pasivo, como ‘reflejo’.

En hebreos, el sentido activo es mucho más cercano a los enunciados que se le otorgan al Hijo. Él es «luz de luz”, la luz refulgente que es «de la misma esencia” que la fuente de luz.

Que el Hijo sea el ‘reflejo’ de la gloria del Padre no significa otra cosa que Éste es consustancial a Aquél. Ambos son la luz: el Padre es el foco de luz eminente y el Hijo es el foco derivado, referente, que personifica la gloria del Padre. Según palabras del apóstol Juan, en el Hijo «vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre ”.

«La imagen misma de su sustancia”

La palabra griega sustancia se usaba especialmente en relación a la impresión o acuñación de monedas y sellos.

Filón de Alejandría ya usaba este vocablo para explicar la imagen de Dios en el hombre, estampada por el Logos como un sello divino. En otras palabras, Dios marcó en el Hijo la impronta divina de su ser.

Éste es su representación exacta, una precisa reproducción del original. Ambos son una misma sustancia?pero son dos personas diferentes.

Este enunciado vuelve a reiterar pues, la consustancialidad de Padre e Hijo y la idea de que el Hijo es la revelación de Dios hecha hombre, el «Verbo que se hizo carne” .

Del mismo modo como la gloria de Dios se visualiza en el resplandor, la sustancia de Dios está en Cristo, que es su impresión, su representación y corporización exacta. Lo que Dios es esencialmente se hace manifiesto solamente en Cristo. El que ha visto al Hijo, ha visto al Padre y al Dios que nadie vio jamás, el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él lo ha dado a conocer .

«Cristo es la imagen del Dios invisible. ”

«Quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”

La acción creativa de Dios en el principio no se limita a un acto puntual y definitivo sino que, la Palabra viva está sustentando todas las cosas. Como Logos y Sabiduría, la segunda persona de la Trinidad es el eje sobre el que gira todo lo creado:

«Porque en él fueron creadas todas las cosas (…) todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten (…) porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud. ”

La palabra y el poder del Hijo no sólo han sido agente de Dios en el origen de la creación, sino que por su palabra todas las cosas son sostenidas, preservadas y mantenidas en existencia. La palabra griega traducida como ‘sustenta’ significa literalmente ‘llevar”.

El autor del himno cristológico pone de relieve parte de la actividad de la obra de Cristo. Él «lleva” todas las cosas. Esto denota un movimiento hacia delante. El Hijo da sentido a la existencia de las cosas y las lleva hacia su desenlace final, hacia su plenitud. El Hijo marca la dirección y el funcionamiento de todo el universo como actividad constante y, sin Él, nada subsistiría.

«…él es quien da a todos vida, aliento y todas las cosas (…) porque en él vivimos, nos movemos y somos. ”

«Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo”

Este enunciado cristológico está ligado gramaticalmente al anterior –en la traducción española ha quedado reflejado en el uso de la perífrasis verbal ‘habiendo efectuado’.

Pasamos del aspecto cósmico de creación-sustentación del universo en la obra de Cristo, al aspecto redentor de su obra, o lo que es lo mismo, de su relación con todo lo que ha creado a la relación con los seres humanos.

La obra mediadora y vicaria en la que Cristo entregó su vida como sacrificio en la cruz por la remisión de los pecados, resume la obra sumosacerdotal de Cristo. Según la ley mosaica, el sumo sacerdote tenía que efectuar la expiación en el Día de la Expiación (Yom kippur, Lv. 16:29-34) para limpiar al pueblo de Israel de todos sus pecados.

Esta tarea era imperfecta por cuanto el mismo sumo sacerdote era pecador y debía efectuar también la purificación de sus pecados. Además, los sacrificios eran continuos y no quitaban el pecado. Con Cristo, el Sumo Sacerdote perfecto, hubo un sacrificio único que quitó el pecado para siempre y que, por lo tanto, tiene valor eterno .

Por medio de la «oblación de sí mismo ofrecida una vez” , Cristo efectuó la redención y abrió el camino hacia Dios . Es de notar que el autor usa el participio aoristo medio ??????????? para demostrar que el Hijo cumplió la tarea de purificación. Este tiempo verbal indica que él mismo fue el agente de tal obra.

«Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”

La progresión cronológica de los acontecimientos acaecidos en la obra Cristo termina con su ascensión y la recuperación de su posición junta a ‘la Majestad en las alturas’ que ya le era inherente a la segunda persona de la Trinidad antes de su encarnación.

Un primer elemento que debemos explicar en esta afirmación es el sintagma nominal ‘la Majestad en las alturas’. Casi todos los autores coinciden al considerar este sintagma como una perífrasis de Dios. En el mundo judío se evitaba el uso del nombre de Dios por lo que, para evitar ofender a sus lectores judíos, el autor del escrito optó por incluir una perífrasis que fuese familiar y conocida.

Las expresiones ‘se sentó’ y ‘a la diestra’ no deben ser tomadas literalmente, sino más bien simbólicamente. Ya desde los orígenes de la Iglesia, los creyentes comprendieron adecuadamente que la idea que sentarse a la derecha transmite es la de «un privilegio concedido a una persona a la que se quiere honrar en gran manera” .

Bruce explica el hecho de ‘sentarse’ como una comparación entre el sacerdocio aarónico y el de Melquisedec, al que pertenece Cristo. Los primeros permanecían de pie porque su servicio nunca cesaba mientras que Cristo ha efectuado una purificación eterna de los pecados como Sumo Sacerdote perfecto. A este efecto, podemos citar textos del Antiguo Testamento que reflejan esta realidad:

«Jehová dijo a mi Señor: ‘Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies (…) El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira” .

En este caso, el autor quiere expresar que ahora el Hijo tiene toda la autoridad para gobernar su reino que abarca toda la tierra, y que es entronizado por sobre todos los poderes y potestades. El reino le pertenece y, tal y como dice Filipenses, le ha sido dado «nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” .

Así pues, mediante estas siete cláusulas cristológicas, el autor del escrito a los hebreos nos ha presentado al Hijo y su obra, describiéndolo en sus múltiples oficios como:

1. El Profeta por medio del cual Dios nos ha hablado.

2. El Creador que hizo el universo.

3. El Heredero de todas las cosas.

4. La Representación del ser de Dios.

5. El Sustentador de todas las cosas.

6. El Sacerdote que proveyó la purificación de los pecados.

7. El Rey que se sentó en su lugar de honor.

«Hecho tanto superior a los ángeles cuanto que heredó más excelente nombre que ellos”.

En el versículo 4, el autor empieza una serie de argumentos mediante los cuales quiere demostrar la superioridad del Hijo sobre los ángeles. Éstos son criaturas y, aunque en la Escritura reciben epítetos tales como ‘hijos de Dios’ (Job 1:6; 38:7), ‘poderosos’ (Sal. 29:1) o ‘santos’ (Sal. 89:6), no dejan de ser seres creados, a diferencia del Hijo, que es su Creador.

El adjetivo comparativo que usa el autor en este versículo es ????????, que significa literalmente ‘mejor’. A lo largo de todo el escrito a los hebreos, este adjetivo es usado trece veces y su uso está ligado a la comparación que esta ‘epístola’ realiza en cuanto al nuevo orden de cosas traído en Cristo Jesús.

La superioridad del Hijo sobre los ángeles en este versículo es paradigma de la superioridad de Cristo sobre todas las cosas a lo largo del texto.

La comparación entre Cristo y los ángeles está elaborada en todo el escrito con citas del Antiguo Testamento para demostrar que :

  • El mensaje final de Dios es comunicado por el Hijo y está garantizado por sanciones aun más majestuosas que aquellas que correspondían a la ley, comunicada por ángeles (He. 2:2ss).
  • El nuevo mundo sobre el cual el Hijo ha de reinar como mediador sobrepasa muchísimo al mundo antiguo, en el cual varias naciones habían sido asignadas a los ángeles para su administración (He. 2:5).

El último elemento que analizaremos es el nombre heredado del Hijo. A pesar de que el Hijo es preexistente y participa de la Creación, tal y como hemos visto en el versículo 2, es «heredero de todo” a partir de la encarnación y no antes de ella.

Según Kistemaker, «cuando completó su obra mediadora en la tierra, recibió la herencia para poder decir: ‘Toda autoridad me ha sido dada en los cielos y en la tierra’ (Mt. 28:18)” .

En esa herencia recibida va incluido su nombre. Aunque muchos autores discuten qué nombre es ese heredado y la mayoría incluso afirman que es el título kuryos, lo cierto es que no podemos concluir qué nombre heredó Cristo. Lo que sí sabemos es que:

«…Dios le exaltó sobre todas las cosas y le dio un nombre que es sobre todo nombre…” .

Aplicaciones para nosotros hoy

«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por el Hijo,…” v.1-2.

Dios no es mudo

A menudo oímos comentarios como estos… «si Dios existe pues que me lo diga” «Si Dios quiere algo de mi pues que me hable desde el cielo, o en medio de un torbellino como a Job o a los profetas, ¿no?”

Bueno pues después de haber sometido a un exhaustivo interrogatorio las palabras del versículo 1 y 2, hemos llegado a la conclusión obvia, sencilla y concisa de que Dios no es mudo. Dios nos ha hablado y aún nos habla a nosotros hoy con voz fuerte.

Pero no desde el cielo, ni desde un torbellino ni desde una visión en plan «místico”, sino que nos habló desde los labios de un judío en Palestina.

En Jesús, Dios se acostó en la mesa de disección , sometiéndose a una autopsia, con los brazos extendidos en forma de cruz, para que todos los escépticos que han existido y por qué no todos los creyentes también, pudieran someterlo a estudio. No importa en el grupo que nos encontremos (escéptico o creyente), podemos coger el bisturí, quitar las capas de religión, quitar las imágenes que nos han vendido por ahí para someter a examen a Dios en la persona de Jesús.

Jesús es la imagen visible del Dios invisible y como hemos repetido en clase «no sabemos lo que se esconde detrás de la palabra Dios sino por Jesús de Nazaret” .

Novedosas revelaciones «La 3ª ola y el nuevo mover del espíritu”

A veces como creyentes queremos y buscamos nuevos mensajes de Dios, tenemos sed de una «palabra profética para mi vida”, pero Jesús culmina la revelación de Dios, todas las revelaciones anteriores no añaden nada nuevo a lo que Dios quiere decir al hombre, queda completado en Jesús.

«En estos últimos días” como hemos comentado nos hace pensar que ya no debemos esperar nada más. Esto nos debería hacer estar alerta ante aquellos que surgen continuamente con nuevos mensajes de Dios, con nuevas doctrinas, nuevas visiones y nuevos «movimientos del ES” tan comunes en el neopentecostalismo hoy.

Desfigurar el rostro de Dios

Es importante que toda las conclusiones a las que lleguemos como estudiantes de teología, y como personas que queremos acercarnos al conocimiento de Dios, que cualquier afirmación que hagamos sobre Dios y todo lo que rodea al mundo espiritual, pueda ser leída en Jesús y pueda tener coherencia y sentido en la vida, comportamiento y enseñanzas de Cristo, no podemos intentar ir más allá de la revelación que nos ha sido dada en Jesús, debemos detenernos en él y hacer que cada pieza del puzzle cuadre en Jesús.

Cualquier otra forma en la que nosotros hoy queramos componer la imagen de Dios dará como resultado un dios a medida, un ídolo.

De hecho muchas veces nos acercamos a Dios desde otros punto de observación que distan mucho de la revelación real que tenemos en el galileo, deformando así la imagen de Dios, desfigurando su rostro con el ácido de la religiosidad de los que dicen pero no hacen.

A lo largo de la historia han sido muchas las opiniones que se han formulado en cuanto a quién y a cómo es Dios.

Como dirá J.M. Martínez , algunos han visto a Dios como un número de emergencias al que llamar cuando tenemos un problema que requiere una solución rápida, llevada a cabo por un profesional (un Dios fontanero, electricista, incluso bombero).

Otros lo ven como un policía secreto que nos hace un seguimiento exhaustivo (tras sus gafas oscuras, ocultando su rostro tras un sombrero y un periódico que lee del revés), hasta que nos sorprende infringiendo alguna ley, para entonces sacar su libretita de multas y castigos. Otros lo ven como un abuelito sentado en su trono celestial, con su larga barba blanca y su mirada de bonachón que pasa por alto las malas conductas de los hombres.

O tal vez como un juez inexorable, implacable y cruel al que no se puede apelar, y que hará recaer toda su furia y todo el peso de la justicia sin posibilidad de apelación alguna sobre el hombre.

Pero todas estas imágenes de Dios no son más que ídolos que nos han vendido o que nos hemos hecho «a la carta”, que no hacen más que alejarnos del conocimiento del Dios verdadero falseando su imagen, deshonrando a Dios y engañando a nuestra propia conciencia.

Por tanto para concluir este punto decir que Dios no es mudo, que nos ha hablado de forma definitiva a nosotros por Jesús, no deberíamos ir buscando novedosas revelaciones, sabiendo que todo lo que se sale de esta premisa corre el riego de desfigurar el rostro de Dios.

En otro tiempo, por los profetas… Ahora por el Hijo.Entonces a los padres… Ahora a nosotros.Antes, muchas veces y de muchas maneras… Ahora de forma definitiva y plena ya que son los postreros días.

«…a quién constituyó heredero de todo y por quien así mismo hizo el universo” v.2

¿Qué le pasa a un judío monoteísta por la cabeza para aceptar a Jesús como Dios?

Esta reflexión nos ayuda hoy a salvar la distancia en el tiempo de los 2000 años que nos separan de la redacción de esta carta y sus destinatarios judíos, pero también nos ayudará a la hora de hacer apologética ante los T.J (Testigos Cristianos de Jehová).

Intentaremos responder con otra pregunta: ¿Qué es lo que distinguía a Yahvé de los demás dioses? Que solamente Yahvé, el único Dios, el Dios de Israel, es creador de todas las cosas y soberano de ellas.

Son los rasgos que distinguen más fácilmente a Dios de todos los demás; sólo Dios creó todas las cosas y todo está sujeto a él.

La intención del autor en este texto es utilizar el entendimiento del monoteísmo judío como clave hermenéutica de sus palabras sobre Jesús, relatando que Jesús es el Dios único del monoteísmo judío, para ello utiliza aquellas características de la identidad divina que caracterizan a Dios como único. Se incluye a Jesús en la soberanía divina y en la creación, reconociendo así que Jesús es intrínseco a la identidad del único Dios, desarrollándose un concepto de monoteísmo cristológico, que incluye a Jesús en la persona de Dios.

El monoteísmo judío no podía entender el concepto de deidades subordinadas, elementos semidivinos, o divinidades compartidas, pero sí reconocer que la idea de la identidad única de Dios podía permitir la inclusión de Jesús en tal identidad .La estrecha relación entre Dios y el Hijo se ve claramente en la actividad creadora y soberana de éste.

"siendo el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia…”

Jesús es Dios y Dios es Jesús

Al hacer esta afirmación no sólo estamos diciendo que Jesús y Dios son uno y el mismo, no sólo es que Jesús es Dios, sino como hemos comentado en clase que Dios es Jesús. Esto es vital para nosotros hoy, ya que la forma más clara de saber cómo es Dios es conociendo como fue Jesús.

Tal vez sería un buen comienzo el hecho de recuperar a Jesús en nuestra predicación, enfatizar cada vez que hagamos un discurso sobre Dios a Jesús de Nazaret, o al menos contrastar que lo que decimos de Dios no vaya a contradecir lo que dijo e hizo Cristo, que no olvidemos que es la imagen y sustancia de Dios.

La expresión exacta de su naturaleza, el Hijo revela en su persona, no sólo en sus palabras, cómo es realmente Dios. Jesús no era un hombre hecho de acero, impasible tipo «Action Man” al que nada le afecta, que las balas le rebotan, sino que respondía a lo que le rodeaba, la obstinación y cabezonería le frustraba, la «santurronería” y la gente religiosa le enfurecía, sin embargo la fe sencilla lo conmovía.

Jesús no intenta hacer una pequeña corrección un concepto mental de un Dios FRUDESA® «congelado”, sino que, directamente lo ROMPE. Es curioso que nuestras representaciones beatificadas de Jesús casi hablan más de nosotros que de él.

Pero claro, ver la verdadera imagen de Dios es arriesgar mucho, porque para servir a Dios debemos seguir el rastro de los pasos del galileo por el suelo polvoriento de Palestina. «Cristo es la imagen del Dios invisible. ”

«Quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.

Providencia

Cristo sustenta la creación y ordena los hechos de la historia por la misma palabra de su poder que en un principio hizo que todo existiera.

En la teología cristiana normalmente se define la providencia como «la incesante actividad del Creador mediante la cual, con gran bondad y misericordia (Sal. 145.9; Mt. 5.45- 48), mantiene a sus criaturas en ordenada existencia (Hch. 17.28; Col. 1.17; He. 1.3), guía y dirige todos los acontecimientos, circunstancias, y acciones libres de ángeles y hombres (Sal. 107; Job 1.12; 2.6; Gn. 45.5-8); y encamina todo hacia el fin propuesto, para su propia gloria (Ef. 1.9-12)” .

Esta actividad de «sostener” la creación se aplica de igual forma a la persona de Dios como a la persona de Jesús matizando nuevamente la deidad del Hijo.

Por tanto podemos vivir confiando no en que todo nos va a ir «de perlas” pero sí sabiendo que el Hijo actúa en todas las cosas para el bien espiritual de su pueblo (Ro. 8.28), y les provee de todas las cosas que necesitan para su peregrinación terrenal, sosteniendo así su creación, de la cual en ningún momento se desentiende (Mt. 6.25–33).

25»Por tanto os digo: No os angustiéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? 26Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y, sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 27¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se angustie, añadir a su estatura un codo? 28Y por el vestido, ¿por qué os angustiáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; 29pero os digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 30Y si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe? 31No os angustiéis, pues, diciendo: «¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”, 32porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas. 33Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. 34»Así que no os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal”

«Habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo”.

La tarea de resetear nuestras vidas

Como ya hemos comentado estas palabras hacen clara alusión a la referencia de la obra sacerdotal de Cristo, tema que trata más a fondo en el capítulo 9.11–10.18.

Deja en claro que el papel del Hijo es el de proveer la purificación de nuestros pecados (v. 3). Esto anticipa el argumento de 2:14–18 y pasajes posteriores, que hablan de la necesidad de que el Hijo compartiera plenamente nuestra humanidad, sufriendo y muriendo, de modo que pudiera cumplir el papel de sumo sacerdote haciendo la expiación de nuestros pecados.

El acercarnos a la obra vicaria de Cristo, nos ayuda a entender el valor que tienen nuestras, ya que el acto de purificar no fue llevado acabo por un nuevo producto limpia pecados con poder blanqueante y efecto ultrasuavidad, sino que fue por medio de sí mismo, eso devuelve la dignidad de aquel que piense que su vida no vale nada, porque vale la vida del Dios encarnado.

No tan solo eso sino que hace tabla rasa, ya nadie es más que nadie, ninguno puede hacerme sentir con menos valor ante los ojos de Dios porque todos hemos sido purificados por una misma sangre.

Bibliografía

• BRUCE F.F., La epístola a los hebreos, Nueva Creación, Buenos Aires, 1987

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