Naturaleza de Cristo

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Por: Guillermo Antonio Domínguez.

La Naturaleza de Cristo: Hablar de la naturaleza de Cristo, es hablar de su relación ontológica con Dios, así como de su propósito y relación con la criatura en la encarnación. Cristo es el Hijo eterno de Dios. Ya Jesús infiere su relación eterna con el Padre al decir: «Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera”. Dios no puede compartir su gloria con alguien distinto a él: Is. 42:8;48:11. Sin embargo, Jesús afirma haber tenido la gloria juntamente con el Padre. Esto no puede ser sino que Cristo aunque distinto en relación personal y funcional con el Padre, era igual en naturaleza o esencia con el Padre. No puede ser de otra manera. Esto va en consonancia con el resto del nuevo Testamento al identificar natural o sustancialmente el Ser de Dios con el Ser de Cristo: «Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad” (Col. 2:9). Todo el pléroma de Dios habita en Cristo, él es divino en plenitud. No hay nada que Jesús no tenga de divino. Todo sus atributos, poder, divinidad, eternidad están presentes en Cristo. Eterno por cuanto Pensamiento y Palabra de Dios. Él es quien ordena todo el universo y es la causa de su existencia, por medio de él y para él, y por él subsiste, como lo declara el mismo Pablo (Col. 1.16,17). Más adelante, el autor a los Hebreos nos declara que Jesús es «…el resplandor de su gloria, la imagen misma de su sustancia”. Cristo es la luz manada de Dios. No es el reflector de la luz de Dios, tampoco su iluminado, es la luz misma de Dios, luz participante de la naturaleza misma y de la fuente eterna. Es a su vez el carakth.r de la hipóstasis o ousía de Dios. O sea, Cristo es el grabado o cuña exacta del Ser de Dios (Jn.14:8-10; 10:30: 5:18,19b). El Cristo como Logos salió del Padre (Jn. 13:3b; 16:27,28). Esto de «salir del Padre” no es otra cosa que participar de su naturaleza, igual que un hijo sale de un padre humano, su engendramiento por parte de una sola y misma especie le hace co-natural a su padre. Ese hijo humano, aunque distinto a tu padre, es igual a su padre en naturaleza humana. De igual modo, el Hijo Jesucristo, al salir del Padre es co-natural a Dios, por cuanto engendrado o salido de Dios. Es importante señalar, que aún siendo sustancialmente iguales, son funcional y personalmente distintos (Jn.1.1; 5:19a ). Una perspectiva semántico-gramatical lo descubre. Otros tantos pasajes declaran su naturaleza divina (Rom. 9:5; Heb. 1:3; 1Jn. 5:20). Sin embargo, que el Logos se haya encarnado, no significa que la naturaleza divina haya absorbido a la naturaleza humana, como en los primeros siglos se propuso. O que la naturaleza humana haya opacado a la naturaleza divina, como también se propuso. Ninguna de las dos. El Logos en su naturaleza divina viene a asumir la naturaleza humana, de modo que el Jesús Histórico-Bíblico (no confundiendo el concepto con el de la escuela teológica liberal en su cristología) viene a ser a la vez, tanto Humano y Divino, en una sola persona. De este modo se da la unión de naturalezas, cada una manteniendo su plenitud en una misma y sola persona: Jesús de Nazaret. Jesús demostró en su vida terrena ambas naturalezas. Demostró su humanidad en todo, excepto en el pecado. Sufrió las implicaciones de nuestra miseria humana, hasta lo sumo: La muerte. En todo ello se observa el concepto kenótico expresado en Filipenses 2:7, kénosis experimentada no en el vaciamiento de su naturaleza divina, sino en la abstinencia a participar de su gloria en su naturaleza humana, por lo menos antes de cumplir el plan del Padre. Su anhelo de ser nuevamente glorificado llegaría con su resurrección. Jesús como hombre, no vino a existir sino hasta su nacimiento, o si mejor, desde su concepción en el vientre de la joven María. Sin embargo, como Logos de Dios, es sin principio ni fin; es el pensamiento de Dios hecho Palabra; siendo palabra de Dios, es la explosión del pensamiento de Dios hecho palabra, palabra creadora de todo cuanto hay: «sea la luz, … produzca la tierra hierva verde, …”. Él era quien actuaba con Dios desde el principio de la creación, esto lo define como co-natural con Dios, pues es parte intrínseco del ser de Dios como pensamiento, sabiduría y palabra creadora (Jn. 1:1-3,12; Prov. 8. 22-31; Col. 1:16,17). Es interesante releer el proverbio, al referirse a la Sophia de Dios, quien dentro del poema es parte del ser de Dios, no puede ser de otra manera, pues no podemos imaginarnos a Dios no teniendo sabiduría por un lapso de tiempo, y luego tenerla. Es Dios por cuanto sabio, y si Dios, eterno, como eterna su sabiduría (Prov. 8.23). Este pasaje es un anticipo en el Antiguo Testamento de la preexistencia del Logos, participante del Ser mismo de Dios, y si participante de su divinidad, divino igualmente. Así, adoramos a Jesús de Nazaret, verdadero Hombre por cuando nacido en la carne de María, y verdadero Dios por cuanto salido o engendrado desde la eternidad y la eternidad por Dios (Prov. 30:4; Jn.13.3; 16:27,28).

Ver: La Obra de Cristo, El Padre, Esencia de Dios y Trinidad, doctrina bíblica.

Por: Guillermo Antonio Domínguez dominguezguillermo@hotmail.com

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